La investigadora en educación y medios Roxana Morduchowicz explora en su nuevo libro, ‘Ruidos en la web’, la manera en que los chicos utilizan las pantallas para adquirir conocimientos y comunicarse en la era digital.

La irrupción de internet y su acceso masivo ha modificado la vida de todos, pero en particular la
de los adolescentes, que son la primera generación cien por ciento digital. Ellos aprenden, se informan, se entretienen, acceden a la información y se relacionan con los demás de una forma radicalmente distinta.

Por eso, la doctora en Comunicación y consultora de la Unesco Roxana Morduchwicz en lugar de preguntarse por las consecuencias de este cambio, piensa qué hacen los adolescentes con internet.

-¿Cuál es el valor de internet para los adolescentes?
-La vida diaria de los menores de 18 años está atravesada por las tecnologías, donde pasan la mayor parte de su día, principalmente usando el celular. En la Argentina, la mitad de los adolescentes no lo apaga nunca, ni siquiera cuando se va a dormir.
Es, por lo tanto, la pantalla más importante en sus vidas y, probablemente, sea la única cuando el acceso a teléfonos inteligentes se masifique. La cultura y la identidad juvenil no se entienden sin
su vínculo a internet y a las pantallas.

¿Es igual en todas las clases sociales?
-Hoy podemos decir que 9 de cada 10 chicos tienen un perfil en una red social, por lo que la importancia de las pantallas no reconoce diferencias. Ese es el primer uso de internet en la vida de los adolescentes, mientras que el segundo es buscar información: hoy 7 de cada 10 chicos hacen la tarea escolar usando la web y es el primer lugar al que recurren para evacuar las propias inquietudes.

-¿Es un uso distinto al que realizan los adultos?

-No necesariamente.Pero el adolescente está más tiempo en las redes sociales, mientras que los adultos siguen teniendo como uso prioritario la búsqueda de información. Por eso, como es la actividad que van a desarrollar a lo largo de toda la vida, es fundamental promover competencias reflexivas: que no se queden con el primer link que aparece, que comparen, que chequeen, que identifiquen la procedencia a la hora de usar los contenidos que circulan en la web.

-¿El problema es la manera en
que se informan?

-En todo el mundo, los adolescentes tienen graves dificultades, limitaciones y carencias a la hora de buscar información. Los estudios internacionales indican que los chicos suelen quedarse con el primer link que les aparece o eligen una sola página para responder sus inquietudes, sin comparar ni chequear en distintos sitios. Tampoco identifican la procedencia o la fuente, confunden
publicidad con información y se enteran de lo que pasa básicamente
a través de las redes sociales.

-De hecho la mayoría lee noticias en Twitter o Facebook
-Sí, pero el problema más grande de usar las redes para informarse casi con exclusividad es que es parcial, porque responde sólo a las inquietudes que uno tiene o a la de sus contactos, y además no reparan en la fuente. En las redes, los chicos suelen confiar más en quién le envió la información que en el autor. Este es el origen de las ‘fake news’ (noticias falsas), y de por qué circulan y se viralizan en la web.

-¿No distinguen quién es el autor?
-Es un fenómeno global. La credibilidad que tienen los chicos de todo lo que circula en la web es muy alta. En el Reino Unido, 7 de cada 10 chicos cree todo lo que aparece en internet, porque, dicen, si no fuera cierto, no lo hubieran subido. La respuesta más frecuente en todo el mundo es ‘‘Google no lo hubiera puesto’’. Nadie cuestiona aquello en lo que cree. Por eso, lo que hay que explicarles y trabajar mucho con los chicos, desde las familias y desde la escuela, es que internet es una gran herramienta y encierra un enorme potencial, pero también que no todo lo que circula es confiable y hay que aprender a distinguir.

-Cuando ponen una palabra en Google, ¿toman lo primero que aparece sin cuestionar?

Efectivamente, la mayoría escribe en el buscador la consigna que le dieron en la escuela y el primer link que aparece, si responde a lo que busca, es lo que copian sin chequear la fuente.
Cuando usan más de una fuente, la mayoría recurre a los sitios más populares, como Wikipedia y Yahoo Respuestas, que, como son de construcción colectiva, pueden incurrir en graves errores.
El tercer problema que aparece cuando no optan por los dos primeros es que suelen tomar como fuente una sola página web. Entonces, si la consigna es sobre la contaminación de un río, toman información de un solo sitio, que puede ser Greenpeace o una petrolera, del gobierno o de la oposición. Todos existen, todos son confiables, pero presentan una sola visión del tema, lo que reduce y limita la comprensión del hecho.

-¿No tienen el hábito de chequear?
-El gran problema es que no saben identificar cuándo un sitio es confiable y cuándo no lo es o cuál es la fuente autorizada para hablar del tema y cuál es su referente. En cuanto a los medios tradicionales de comunicación, los usan poco, porque se informan principalmente por las redes sociales, de donde les llegan contenidos fragmentados y un poco de todo: al mismo tiempo tienen información sobre gatos, sobre música, sobre deportes, y todo muy descontextualizado.

-¿Informarse vía Facebook es algo exclusivo de los chicos?
-Pongo el foco en los adolescentes porque son un grupo social en formación, que debemos apuntalar, pero además porque se los suele llamar ‘nativos digitales’, un concepto que mi libro viene desafiar y cuestionar. En el año 2000 se generó esta expresión para calificar a una generación
que nació ya con internet y las nuevas tecnologías. Sin embargo, no alcanza con haber nacido en esa fecha para ser ‘nativo digital’, sino que ‘nativo’ es aquel que hace un uso creativo, reflexivo, crítico y responsable de las tecnologías y de internet. Me interesan los adolescentes no porque sean los únicos que tienen estas carencias, sino porque son los que necesitan apuntalamiento para saber qué es buscar información. Se suele decir que los adolescentes manejan mejor las tecnologías que los adultos, pero hay que insistir en que es un uso exclusivamente instrumental: conocen la herramienta, el soporte, pero carecen de un criterio crítico y reflexivo, que es el que queremos promover.

-¿Qué riesgos hay en la vida digital?
-Lo primero que hay que decir es que internet es una gran herramienta con un enorme potencial. Si no está usada de manera segura, responsable, crítica y creativa, sí hay riesgo, como con cualquier medio de comunicación. La tecnología en sí misma es buena, lo que hay que apuntalar son los usos. En cuanto a la seguridad, lo que queremos es que los chicos no se comuniquen con gente que no conocen, que no suban información personal a la web, que no participen de acciones de bullying. En el uso reflexivo, buscamos que no copien y peguen lo primero que encuentran,
porque creen que todo es verdadero, sino que cuestionen y aprendan a investigar y chequear aquello que están leyendo. El riesgo es que utilicen información que no sea verdadera y que contribuyan a viralizar noticias falsas sólo porque se las envió un amigo.
La mejor recomendación para los padres es estar al tanto de los usos que sus hijos hacen de las pantallas, las tecnologías y de internet. Está muy instalado en la familia preguntarle
‘cómo te fue en la prueba de Matemática o de Historia’, pero ahora hay que agregar ‘¿qué hiciste hoy en internet?’

Qué hacer con los celulares y las nuevas tecnologías en la escuela

Hoy no se sabe muy bien qué enseñar, porque el modelo del saber enciclopédico cayó bajo la omnipresencia de la tecnología, que llegó para quedarse y multiplicarse. Como “todo está en internet”, la escuela debe volver a pensarse y resolver qué se hace con esa herramientas que los adolescentes usan desde la cuna y manejan mejor que sus maestros.
“Durante siglos, el objetivo de la escuela fue distribuir información y enseñar a leerla. Hoy, en el siglo XXI, no puede ser esa su función, porque la información está a un click de distancia, la tenemos disponible en la web. Lo que la escuela tiene que enseñar es a analizarla, a compararla, a relacionarla, a procesarla, a organizarla y a construir la propia opinión: enseñar a pensar esa información que hoy sobreabunda”, explicó Roxana Morduchowicz, autora de “Ruidos en la web, cómo se informan los adolescentes en la era digital”.

“El esfuerzo de los Estados estuvo puesto hasta ahora en proveer tecnología a los alumnos, pero el acceso debe ser sólo el punto de partida, no el de llegada. Hoy el gran debate en todo el mundo es el uso: cómo promover, fortalecer y apuntalar esas prácticas. Es lo que la Unesco llama la “alfabetización informacional”, qué hacer con la información que circula en internet”, sostuvo Morduchowicz.

En medio de ese debate se encuentra el uso de los teléfonos inteligentes en las escuelas. “El celular en el aula está bien, como la televisión o el periódico. Como la mayoría de las escuelas hoy no tiene una buena conexión, muchas veces el celular de un alumno o del propio docente permite realizar una actividad con la web que, de otro modo, no se podría realizar -dijo la especialista-. La gran pregunta no es “celular sí o no”, sino para qué: si lo tengo para buscar una fecha o para copiar y pegar, no sirve. Ahora, si me permite salir a la calle y hacer una investigación fotográfica, un registro, para consultar distintas páginas web, su uso se respalda en un proyecto educativo”.

OTRA FORMA DE LEER
“Los chicos no leen” suele ser la queja más habitual de los docentes frente a alumnos atravesados por las tecnologías, pero, según Morduchowicz, lo que hay que entender es que hoy existe “una forma distinta de leer”. “En las casas argentinas hay más pantallas que medios gráficos. Nosotros, los que éramos adolescentes en el siglo XX, somos una generación lineal y secuencial: nadie empieza un nuevo libro si no dejó el anterior. Los chicos, en cambio, son la generación de lo simultáneo: mientras ven televisión, navegan por internet, conversan por celular, escuchan música y hacen la tarea, todo al mismo tiempo. Los adolescentes leen en otros soportes, de manera superpuesta, simultánea, en pantalla, más rápido, con otros fines… pero leen”, sostuvo.

Por eso, para especialista en educación y medios, la escuela debe ir al encuentro de la cultura juvenil para, desde ahí, interpelarlos. “Antes en la escuela te preguntaban cómo era tu familia o dónde fuiste de vacaciones. Esto sigue existiendo, pero hoy le debemos sumar: “te gustan las historietas, tenés algún perfil en una red social, qué páginas web visitas, cuáles te gustan y cuáles no, qué música escuchás y dónde, tenés celular”. Tenemos que conocer la cultura de los jóvenes, y eso implica conocer cómo se relacionan con las pantallas, con la tecnología, con internet, porque hay que partir de donde los chicos están para llegar a donde queremos que estén”, sostuvo Morduchowicz.

 

 

COMO BUSCAR EN LA WEB

 

1. Seleccionar las palabras que originarán la búsqueda de modo que sean lo más precisas y claras posibles.
2. No utilizar sólo el primer link que aparece en el buscador.
3. Usar siempre más de un sitio web. Comparar lo que dice cada uno sobre el mismo tema.
4. Analizar si las páginas web pertenecen a instituciones o autores conocidos que existen en la realidad. Verificar su confiabilidad.
5. Identificar las fuentes que utiliza el texto. Reconocer si están autorizadas para hablar del tema.
6. No confundir cómo llegó la información (un amigo, un contacto) con la fuente originaria de la información.
7. Verificar las pruebas y evidencias que cita el texto para fundamentar sus ideas.
8. Prestar atención a los titulares que encabezan el texto. Analizar su relación con el texto que sigue a continuación.
9. Explorar las imágenes y videos que se incluyen. Analizar si han sido manipuladas o sacadas de contexto.
10. Utilizar y compartir sólo los contenidos sobre los que se sabe con seguridad que son ciertos.

Fuente: Ente Nacional de Comunicaciones

Publicado en La Prensa