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Cuando la edad no es una barrera: tiene 81 años y cursa Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba

Conocé la historia de Dionisia Guzmán. Cómo es su relación con los más jóvenes, los cambios tecnológicos a los que se tuvo que enfrentar y cómo es la vida de esta estudiante adulta mayor.

Dionisia atiende el teléfono y antes de aceptar la entrevista pone una única condición: “que sea rápido porque tengo que ir a comprar unos apuntes de la facultad”.

Esta podría ser la respuesta de cualquier estudiante que vive en Córdoba y asiste a alguna de las universidades que se encuentran en la ciudad. Pero Dionisia Guzmán no es una estudiante más. Ella tiene 81 años y está cursando el segundo año de la carrera de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba. No se trata de una estudiante crónica, ella empezó a cursar en 2014.

Pero la historia de “Dioni” no comienza en la UNC, sino a cinco kilómetros de Nono. Allí vivió y cursó hasta segundo grado de la primaria. “En ese tiempo los padres nos mandaban a la escuela para aprender a leer y escribir. Después, a trabajar”, relata Dionisia.

A los 17 años se mudaría junto a su familia a Córdoba donde comenzó a trabajar en el servicio doméstico, ya que como ella dice “no tenía ningún estudio”.

Fue en esta ciudad donde conoció al amor de su vida. Ella no quería casarse con un argentino sino con un español, y así fue. “En el año ’51, que venían muchos inmigrantes españoles, vino mi príncipe, mi novio. Nos conocimos, estuvimos como tres años de novio, nos casamos y estuvimos 50 años casados. Tuvimos tres hijos”, relata con ojos y voz de enamorada, casi como si estuviera viviendo ese momento otra vez.

Toda esa vida “de familia” fue relegando el sueño de Dionisia: estudiar psicología.

Y nadie le dijo que iba a ser fácil. “Cuando tenía 58 años en el barrio habían puesto para que personas adultas terminaran la escuela primara.-cuenta Dionisia- Ahí fui yo a terminar la primaria, dejando un poquito la casa”. Ese era el primer paso para poder llegar a la Universidad.

Pero antes tenía que empezar y terminar la secundaria. Cuando se decidió a ir por ese nuevo objetivo, su “príncipe” se enfermó. Así que ella decidió postergar una vez más ese sueño y dedicarse al cuidado del hombre con el que había formado una familia. En 2008 parecía que todo se derrumbaba, su esposo falleció. “En el 2009 no hice nada, estuve muy mal”, cuenta con algo de tristeza.

Y agrega: “Pero en el 2010 dije ‘me tengo que levantar, este es mi tiempo para hacer lo que quería’ y así fue como pensé en terminar la escuela secundaria”.

Las aulas del Cenma 125 fueron testigos del paso de una de las mejores estudiantes de esa promoción. Tres años después ya estaba lista para dar el gran paso y abrirse a un mundo completamente nuevo.

El cielo con las manos

Finalmente, 2014 fue el año en el que la facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba tendría entre sus alumnos a Dionisia Guzmán. “Hice los cursillos pensando ‘bueno entro o no entro’. En el primer parcial saqué 8, en el segundo 8 y en trabajo práctico 10. Para mí fue, como dicen los chicos, ‘tocar el cielo con las manos’”, confiesa algo emocionada.

En los “acelerados” para terminar la primaria y la secundaria sus compañeros eran adultos. En la UNC el cambio era bastante grande, ella, 78 años, la mayoría de sus compañeros, entre 18 y 20.

“Los primeros tiempos el vocabulario o la forma de actuar de los chicos era como que me generaba rechazo, me sentía rara”, cuenta Dionisia. Pero al poco tiempo se acostumbró: “Ahora con los chicos puedo hablar de todos los temas o ellos me pueden contar de cualquier tema. Es muy lindo tener ese diálogo con ellos”, asegura “Dioni” como le dicen sus compañeros.

Dionisia también se considera un poco “abuela” de todos esos chicos y disfruta de conocerlos y ver cómo se comportan. Y, obviamente, a veces tiene que ser la mala de la película: “Cuando veo algo malo los reto un poco”. Pero en la mayoría de las ocasiones está para acompañarlos y transitar junto a ellos esta etapa tan importante. “A veces nos juntamos en los departamentos de ellos o vienen a mi casa a estudiar”, relata esta adolescente en el cuerpo de una adulta mayor.

Adaptarse al cambio. Claramente Dionisia no es una “millenial” o una “nativa digital”. Ella se crió con la tele en blanco y negro. Pero hoy desde lo más sencillo como anotarse a una materia o para rendir un final requiere de una computadora. Los jóvenes utilizan el celular constantemente y se comunican por allí. A todos esos cambios debió adaptarse Dionisia.

“A los parciales en computadora, los primeros tiempos, los profesores me ponían con las ayudantes de cátedra para que me asistieran. Pero después ya no. En segundo año fui manejándome, aprendí a manejar la computadora, el celular. Se resuelve con poner empeño, no sé si es el deseo de aprender que te ayuda”, cuenta orgullosa de sus logros.

Incluso se tomó el tiempo durante esta entrevista de contestar algunos WhatsApp, reproducir audios que le mandaban sus compañeras y hasta enviar uno. “Fue un cambio personal muy lindo al lado de los chicos. Con la pérdida de mi esposo estaba muy triste y es como que ellos me sacaron de ese bajón, ese duelo”, confiesa.

Rompiendo estereotipos

La publicidad y las nuevas tecnologías ponen en muchas ocasiones a los adultos mayores en un rol prácticamente secundario. Dionisia rompe con este estereotipo y busca que personas de su edad e incluso más jóvenes la imiten. “Yo ni me acuerdo de la edad que tengo. Voy a un centro de jubilados y estoy todo el tiempo diciéndoles que no se puede vivir así, que hay que seguir. Siempre les digo que salgan de ese error de pensar que por tener 70 años no pueden hacer nada”, cuenta.

Es tiempo de terminar, Dionisia tiene que buscar esos apuntes y al mediodía comenzar a cursar para volver tarde a su casa, acompañada de los jóvenes que cursan con ella: “La Universidad para mí es todo. El saber es algo maravilloso. Creo que nadie debería dejar de buscar la sabiduría y cultivarse, seguir adelante, no quedarse”.

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