Es odontóloga y desarrolladora inmobiliaria. Festeja su cumpleaños rodeada por un centenar de familiares.

Lidia Axenfeld es una odontóloga y desarrolladora inmobiliaria entrerriana, tiene 100 años recién cumplidos y todos los días llega puntual a su oficina en Buenos Aires, su hogar durante más de la mitad de su vida. Este fin de semana celebra su cumpleaños rodeada por un centenar de familiares.

Una mañana tibia de abril, cuenta que su familia ucraniana llegó a la Argentina cuando era perseguida por los pogromos anti judíos en el imperio ruso.

Como dijo el pintor español Joan Miró: “Cuánto más avanzo en la vida más vuelvo a las impresiones primeras…” Así, Lidia viaja en su memoria hasta su infancia en Entre Ríos y se detiene allí para recordar con admiración a su madre: “Mi mamá en un sulky vendía mercadería de casa en casa a los campesinos del lugar. Desde muy joven ahorró peso a peso hasta que por fin puso un modesto negocio. Pero un día le dijo a su marido que tenían que mudarse a Buenos Aires para que los chicos pudieran estudiar. Así llegamos del interior a la Capital y mis siete hermanos y yo, con muchísimo esfuerzo económico (muchas veces teníamos que elegir entre un café o el pasaje de vuelta a casa después de clase), nos recibimos uno a uno”.

Conoció a su marido Sami en una fiesta: “Salimos y cuando volví a casa le dije a mi mamá que había encontrado el molde de mis zapatos. Nos elegimos, éramos compatibles, nos amamos, tuvimos cinco hijos, hicimos todo entre los dos”. Con él trabajaron codo a codo en el consultorio, ayudaron a muchos pacientes cuando no podían pagar, eso siempre fue una satisfacción para ellos.

Con el tiempo lograron tener unos ahorros y decidieron hacer un pequeño emprendimiento inmobiliario que resultó un éxito. “Así empecé con los primeros negocios inmobiliarios y descubrí sin querer que soy buena para esto”, comenta. “Recuerdo que hace como treinta años atrás, paseando por el viejo y abandonado Puerto Madero, vi una fábrica de zapatillas cerrada y pensé que esa área de la ciudad florecería. Se me ocurrió comprarla para transformarla en oficinas porque sería muy lindo para los empleados tener vista al río, o abrir gimnasios”, dice Lidia sobre el rubro que la mantiene en actividad hasta hoy.

¿Qué aprendió de la vida?

“Aprendí que cuando uno tiene una meta debe luchar con todas sus fuerzas para alcanzarla. Cuando quería entrar en la facultad estudié con desesperación: era tal mi anhelo que llegué al examen sabiendo muchísimo y por eso aprobé. Con esfuerzo también se llega a la meta, no importa el punto de largada. Aprendí a ser feliz estando tranquila, la paz me da felicidad”.

¿Qué les diría a los jóvenes de hoy?

“A mí hubiera gustado ser Marlene Dietrich o Nobel de química, pero soy, simplemente, Lidia. Y con mis herramientas hice todo lo posible para dar lo mejor de mí, intentar ser la mejor en lo mío. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo importante está en la confianza en nosotros mismos para emprender un proyecto, un modo de vida y en eso poner nuestro potencial y el esfuerzo para ser los mejores en lo que hacemos. También les diría que busquen algo que les apasione y dedíquense a ello. No pierdan tiempo, que se va rápido. No dejen para mañana, ¡háganlo ya!”

¿Cómo llegó a los cien años?

“Trabajando siempre, con mucho gusto y alegría. Estoy muy agradecida a la vida, formo parte de una minoría que llega a los cien años. Me apasiona la ciencia, he leído que nuestra especie -por lo menos desde el paleolítico- tiene el potencial para vivir hasta 80 ó 100 años, pero la esperanza de llegar a esta edad estuvo condicionada por múltiples factores. Por eso recién hoy existen en el mundo alrededor de medio millón de personas que cumplieron un siglo de vida. Estudios científicos revelan que los niños nacidos a partir de 2010 ya tienen una expectativa de vida de 100 años. En este sentido es un gran salto, sin embargo, el techo en sí mismo no ha cambiado tanto, el límite de vida se extiende hasta los 115 años como máximo”.

El escritor José Saramago decía que la vejez empieza cuando termina la curiosidad; Lidia dice que nunca se aburrió en la vida, que se interesa por todo, que todo le despierta curiosidad. ¿Será este uno de los secretos de la vida a los 100?

Por Patricia Lasca, profesora de historia (extraído de Clarín.com)