Mientras las autoridades de la Organización Mundial de la Salud indican que las estadísticas se han “estancado”, refuerzan la campaña para educar a los sectores del planeta más susceptibles de contagio.

Si bien desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) aluden que la falta de inversión en la lucha contra la malaria o paludismo ha provocado un estancamiento en las estadísticas, este 25 de abril se lanza una nueva campaña de lucha contra esta enfermedad que afecta a un gran porcentaje de la población mundial.

De todas maneras, en este Día Internacional del Paludismo, varias organizaciones asociadas promueven el tema de este año -“Preparados para vencer al paludismo”-, que subraya el trabajo colectivo y el compromiso de la comunidad mundial para unirse en torno al objetivo común de un mundo libre de paludismo.

“Desde el año 2000, la prevención del paludismo ha tenido un importante papel en la reducción del número de casos y de muertes, fundamentalmente a través de la expansión del uso de mosquiteros tratados con insecticidas y del rociado de interiores con estos productos”, señala el sitio web de la OMS.

Sin embargo, los pronósticos no son tan optimistas desde la cúpula de la organización, de donde advirtieron que la lucha contra la malaria se ha estancado por primera vez en la última década por la falta de inversión en programas de prevención y de tratamiento, especialmente en países como Venezuela.

Estas declaraciones corresponden al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que subrayó que la “respuesta global a la malaria se encuentra en una encrucijada”. “La tendencia a la baja del número de casos y de muertes por malaria se ha estancado y los fondos destinados a programas para combatir el paludismo se han moderado“, señaló.

En este sentido, el responsable del Programa Global sobre Malaria de la OMS, el español Pedro Alonso, lamentó ante los medios en la sede europea de la ONU en Ginebra que, “al contrario de lo que hicimos año a año durante la última década, hoy no podemos celebrar el progreso“; al tiempo que llamó “a la acción” para alcanzar los objetivos globales que pretenden poner fin a esta epidemia hasta 2030.

Según la OMS, en 2016 se detectaron unos 216 millones de casos en un total de 91 países, lo que representa un aumento de cinco millones respecto a 2015. En cuanto a los fallecimientos causados por esta enfermedad, en 2016 se contabilizaron 445.000 personas, una cifra muy similar a la de 2015 cuando murieron 446.000 personas por el mismo motivo.

“La historia nos ha enseñado que cuando dejamos de progresar no nos mantenemos al mismo nivel, sino que empezamos a dar pasos hacia atrás, El mayor riesgo es la complacencia”, alertó el experto.

El peor caso actual en el mundo es el de Venezuela, subrayó, dado que ha registrado el mayor incremento de casos de malaria “a causa de la drástica reducción de las campañas antipalúdicas que se llevan a cabo en el país”, según el español.

La OMS teme que el país andino pueda llegar a registrar medio millón de casos al año, dado que se estima que en 2017 hubo unos 406.000. El especialista advirtió de que el riesgo no sólo recae en la población venezolana que reside en su propio país, sino también en los que huyen de las duras condiciones y buscan refugio en naciones limítrofes.

“Estamos viendo casos de malaria entre la población de refugiados venezolanos que llegan a Brasil, Colombia y Ecuador y otros varios lugares”, indicó.

Aunque Alonso insistió en que se “trata de un problema de salud global”, los países del África subsahariana son los más castigados por el paludismo “por razones biológicas y contextuales”.

En 2016, estos países agrupaban el 90 % de los casos y el 91 % de las muertes causadas por la malaria.

Para evitar el retroceso, abogó por renovar los compromisos políticos y aumentar la inversión en recursos, tanto por parte de los países donantes como de los países afectados por la malaria.

“Con una reducción de la inversión per cápita, no es sorprendente que no observemos ningún progreso y que la malaria esté aumentando en un gran número de países en comparación con informes anteriores”, explicó.

Además, descartó que la resistencia del parásito al tratamiento tenga nada que ver con esta tendencia.

Sobre la financiación manifestó que es un “elemento clave” para revertir esta tendencia global y recordó que las aportaciones recaudadas en 2016 (2.700 millones de dólares) quedaron lejos de la cantidad anual estimada que se necesita para hacer frente a la malaria: 5.500 millones de dólares.

Aunque los principales Estados donantes mantuvieron sus dotaciones, la OMS detectó un pequeño descenso en la inversión doméstica de los países afectados.

“Nuestro reto es mantener el compromiso y el apoyo de la comunidad externa ya que su liderazgo político se ve reflejado en los presupuestos de los países afectados”, dijo el experto.

Alonso también instó a aumentar la inversión en investigación y desarrollo ya que, según dijo, “la malaria es un organismo muy complejo que estamos combatiendo con herramientas imperfectas”, sobre todo en la prevención, donde los insecticidas que se utilizan sólo evitan entre el 40 y el 50 % de los casos.

Sin embargo, este año la OMS introducirá, a modo de prueba piloto, una nueva vacuna en tres países africanos -Kenia, Ghana y Malaui- que protege parcialmente de la malaria a niños pequeños, aunque no les inmuniza ante esta enfermedad.