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El Fusilamiento de Domingo Cullen

cullenEstanislao López, “la más fuerte columna federal”, murió  el 15 de junio de 1838.  Domingo Cullen, su ministro, fue elegido gobernador el 28 de junio; hecho que no fue del agrado de Juan Manuel de Rosas, que junto a Pablo Echagüe, gobernador de Entre Ríos, no lo reconoce, y es derrocado.  Cullen, parte primero a Córdoba, y luego, huye a Santiago del Estero y se refugia en casa del gobernador Ibarra. En Santa Fe será gobernador, Juan Pablo López, apodado “Mascarilla”, hermano de Estanislao.

Domingo Alejandro Lorenzo Cullen y Ferraz, era descendiente de un inmigrante irlandés instalado en Canarias, que se recibió de contador en Santa Cruz de Tenerife. Se trasladó a Montevideo hacia 1820, donde se dedicó al comercio por el río Paraná.

Se unió a un grupo secreto que se proponía liberar a su provincia de la dominación brasileña y fue enviado a pedir ayuda para sus planes al gobernador santafesino Estanislao López. Aunque fracasó en su cometido, el gobernador lo empleó como ministro de hacienda, radicándose allí, casándose con una sobrina de López e iniciando una larga familia en Santa Fe.

El 24 de enero de 1839, Fructuoso Rivera (Banda Oriental) le escribía a Cullen: “Importa que Usted se ponga ya de acuerdo con los gobiernos de todas las provincias argentinas que estén dispuestas a sacudir el yugo de fierro que les ha impuesto un tirano astuto y falaz”.  Y en otra por el estilo: “Supongo que Usted habrá recibido mis anteriores, que le remitió nuestro común amigo don Blas Despouys, (francés complicado en la conjura, y cuñado de Cullen) y que, a más, Usted habrá tenido noticias mías por el gobernador de Corrientes (Genaro Berón de Astrada)”.

Cuando el 20 de enero de 1839 Santa Cruz es definitivamente derrotado en Yungay por el general chileno Manuel Bulnes, a pesar del apoyo de Francia, que bloqueó los puertos de Chile y ayudó eficazmente con armas y dinero al dictador boliviano, que ahora vencido escapa al Ecuador, Rosas decreta la amnistía para los desterrados y los emigrados, en señal de júbilo celebrando la terminación de la guerra, y pone en libertad a todos los presos políticos, inclusive al general Paz, el 20 de abril de 1839, que de Luján se traslada a Buenos Aires, con la promesa de no alejarse más de una legua de la ciudad. La guerra con Bolivia se dio por finalizada oficialmente el 26 de abril de 1839.

En cartas de los días 5 y 18 de marzo de 1839 Rosas reclama de Ibarra –jefe del federalismo del Norte a la muerte del general Heredia- la entrega de “ese traidor feroz, el gallego Domingo Cullen,  cómplice de los Reinafé y unitario conspirador”.  Sepa Usted –le dice- “que todas las ocurrencias desfavorables a la Confederación, a su honor, dignidad y sosiego… son consecuencias de sus pérfidas maniobras.  (El ampararlo) le está perjudicando a Usted inmensamente en su buena opinión y fama…  Le ha hecho a Usted mucho mal y lo está haciendo al crédito de la República.

Ibarra, además, había recibido al agente de Rivera, el francés Juan Pablo Duboué, portador de todos los datos de la inminente invasión del ejército riverista amparado por la escuadra francesa; y lo había recomendado a otros gobernadores, a la par que había facilitado hombres y armas a Pedro Nolasco Rodríguez para invadir la provincia de Córdoba y luchar contra López “Quebracho”.  Vencido Rodríguez en su intentona de revolución en Córdoba, el 28 de marzo de 1839, y habiéndose encontrado cartas de Cullen que lo comprometían en la coalición contra Rosas

El 4 de junio Ibarra había dicho a Cullen:“Compadre, póngase un buen par de medias de lana, pues le voy a hacer poner en los pies dos barras de grillos para mandarlo a Buenos Aires”. En carta de Gondra, le anunciaba a Rosas que pronto le mandaría “la encomienda”.

domingo-cullenFinalmente Ibarra envió a Cullen prisionero hacia Buenos Aires. Teniendo sólo cuarenta y cinco años fue privado de la vida en forma tan arbitraria y cruel. Tenía en ese viaje hacia la muerte la sola compañía de un hijo de siete años.

Nunca fue enjuiciado; apenas pisó territorio bonaerense, en la Posta de Vergara, dos kilómetros después de pasar el Arroyo del Medio (límite norte de la provincia de Buenos Aires), la guarnición que lo llevaba se encontró con el coronel Pedro Ramos (edecán de Rosas), quien lo mandó fusilar debajo de un ombú ―ahora llamado Ombú de Cullen― a la vera del actualmente abandonado Camino de Córdoba (que fue el camino desde Buenos Aires hacia Córdoba, el norte y el Alto Perú entre 1630 y 1840 aproximadamente), a unos 9 km al oeste del actual pueblo de Erézcano (unos 25 km al suroeste de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos).

Domingo Cullen, con gran dignidad, pidió papel y pluma para escribir a su esposa Joaquina Rodriguez del Fresno y solicitó la presencia de un cura de San Nicolás que lo asistió espiritualmente.

Con gran entereza enfrentó la muerte, sin rencor, lamentando dejar a sus doce hijos (porque así consideraba a los hijos del primer matrimonio de su esposa con el Dr. Pedro Aldao) dando instrucciones precisas sobre su situación económicas y sus deseos respecto del funeral y del cuidado de sus hijos.

El jefe de la escolta le leyó la sentencia que el prisionero escuchó con mucha serenidad, a pocos pasos se encontraban las paredes de un rancho abandonado, allí se le dijo que se ponga de espaldas a los muros y un soldado se adelantó a cubrirle los ojos con un trapo, antes de ser acribillado. Cullen lo rechaza y saca de sus bolsillos un fino pañuelo, es de fina batista, bordado por las manos de su hija predilecta, Jerónima, que entonces tendría nueve años. Cullen mismo se venda los 0jos con ese último recuerdo de su felicidad familiar, ultimo hálito de su hogar tan amado.

El cadáver fue enterrado en el ombú donde se produjo el fusilamiento el 22/06/1839 y dos años después el General Lavalle, marchando hacia Santa Fe, lo desenterró y condujo sus restos a la capital de la Provincia donde fue sepultado en el templo de Santo Domingo, lugar donde se encuentra.

“Cullen era, en realidad –como afirma el historiador Carlos Ibarguren- agente de los unitarios y de los franceses para combinar la acción de éstos con los gobernadores de las provincias del interior y del norte en un levantamiento contra Rosas.  Detrás de Cullen apareció Juan Pablo Duboué, comisionado secreto de Rivera y los franceses para el mismo fin”.

Cullen es fusilado por andar en tratos con el enemigo: los franceses, los colorados de Rivera y los emigrados unitarios argentinos.  Es uno de los organizadores de la revolución de Córdoba, dirigida por el coronel Rodríguez, y está organizando conspiraciones en las provincias.

El cónsul francés Roger había revelado al cónsul inglés Hood sus planes y este, desde Montevideo, al cónsul inglés Mandeville en Buenos Aires, el 11 de octubre de 1838, quien los comunicó a Rosas.  Roger había manifestado: “Su alianza con Rivera y Cullen para la destrucción del ejército del general Rosas y del sistema federal y fomentar una rebelión en Entre Ríos y Corrientes, unidos con Santa Fe a la causa de Francia”.

Para Rosas, Cullen era un unitario “conspirador”, un “traidor” que se había aliado a los franceses para derrotarlo. En tanto, para los unitarios, dentro de la larga lista de calumnias y acusaciones infundadas, Rosas incorporó una curiosa apreciación reprochándole a Cullen “…que arrojó la idea de la constitución nacional mucho antes de la verdadera oportunidad”.

Y allí está la clave de las diferencias políticas, según los seguidores de Cullen, entre los confederales (Rosas) opuestos a toda constitución que limitara sus facultades y los federales (Artigas, López, Ferré, etc.) que entendían que debía organizarse constitucionalmente el país a la mayor brevedad.

Lo cierto es que las luchas de “unitarios” y “federales” de aquellos años, marcaron un herida profunda en la conformación de nuestro paìs, que con diversos matices y otros protagonistas se extiende hasta nuestros días.