Fue fundado hace ocho años por una enfermera. Se financia gracias a la solidaridad de algunas personas.

A primera vista parecen gatos en buen estado de salud. Pero los poco más de 200 felinos que viven en “La casita gatuna”, en Lima, tienen una característica que los diferencia notablemente del resto de sus populares congéneres: padecen leucemia.

“Este sitio no es un albergue, es una casa de reposo para gatos con leucemia, por ahora es la única en Latinoamérica”, aseguró María Torero, la enfermera que dio un vuelco radical a su vida hace ochos años, cuando abrió el establecimiento.

Torero empezó su gesta con 30 gatos en 2010 y llegó a tener hasta 350, el pico más alto en 2015. En los últimos años murieron más de 150.

“Quería hacer algo diferente a los muchos albergues para gatos que existen, porque no es común recibir gatos enfermos”, indicó esta mujer de 49 años sobre su local.“La leucemia felina es el equivalente al sida humano”, acotó Torero sobre esta enfermedad terminal.

Ella recibe en su refugio a “los gatos que nadie quiere, a los gatos rechazados”, y se niega a cumplir los consejos de los veterinarios que sugieren sedarlos y dormirlos de por vida.

El singular refugio para gatos estaba en sus inicios destinados a acoger a niños autistas, quienes acudirían al local para relajarse haciendo masajes a los gatos. Dicho proyecto no resultó: entre los primeros gatos que acogió una mayoría de ellos tenía leucemia felina. Entonces todo cambió.

“Soy enfermera, tengo vocación de servicio con los seres que están enfermos”, alega sobre su abnegada labor. La mujer, quien tuvo cáncer a la garganta, gasta unos 120 dólares al día en mantener el albergue, entre gastos de salud y alimentos para gatos. Financia los gastos con la ayuda de un puñado de gente solidaria.

“Cuando empecé a recoger gatos quería darles mejor calidad de vida, les doy alimento e interferón, un medicamento retroviral”, señaló. La leucemia felina no es contagiosa a los humanos. El virus se transmite a través de la saliva y las secreciones nasales de los gatos.

“La casita gatuna” forma parte de su vivienda de dos pisos, que Torero adaptó con ambientes separados, por un lado para los gatos enfermos y por otro para ella y algunos gatos sanos.

“Los gatos son mágicos, pueden dar su vida por uno, te dan cariño pero también te dejan solo cuando piensan que deben hacerlo”, describe su experiencia con sus engreídos pacientes.