Blaise Pascal (1623-1662) fue una de las mentes más brillantes de Occidente a pesar de haber padecido de sus afecciones… o quizás lo fue, justamente, por haber tenido problemas de salud que le permitieron contar con el tiempo para desarrollar su intelecto.
No en vano decía que el sufrimiento era la condición natural del cristiano y rogaba a Dios por “el buen uso de la enfermedad” (bon usage des maladies).
Blaise quedó huérfano de madre a temprana edad y su padre -un magistrado de Clermont que también se destacó como matemático- le dio a su hijo una educación poco ortodoxa, de hecho, el mismo padre fue su docente, con una metodología que podríamos tildar de curiosa. El juez, por razones que no precisó, dictaminó que su hijo no habría de estudiar matemáticas hasta los 15 años.
Todos sabemos que los campos prohibidos suelen ser los más atractivos para los adolescentes y el joven Blaise comenzó por sus medios a estudiar geometría y matemáticas cuando apenas había cumplido los 12 años; a los 16 formuló el teorema que lleva su nombre y antes de los 20 completó su célebre `Ensayo sobre las secciones cónicas’, esencial para la comprensión de la órbita de los planetas. Descartes, su coetáneo, no podía creer que observaciones tan brillantes hubiesen surgido de este adolescente.
El jovencito no se conformó con estos logros y dos años más tarde comenzó a trabajar en la primer maquina de calcular creando, de paso, el método binario. Este brillante esfuerzo no tenía una finalidad tan loable ya que con esta calculadora asistía a su padre en la cobranza de impuestos.
Junto a Fermat, Pascal desarrolló el cálculo probabilístico y más tarde, por su cuenta, el cálculo infinitesimal. También enunció el principio que lleva su nombre sobre fluídica y determinó las mediciones de presión atmosférica en su `Tratado sobre el vacío’. De aquí surgen las unidades que hoy llamamos `Pascales’.TORMENTO
En 1647 Descartes se acercó al joven Blaise no sólo como científico sino como médico porque su salud dejaba mucho que desear: el insomnio lo hostigaba y la dispepsia lo tenía a mal traer, además tenía paresias en los miembros inferiores que el devoto Blaise interpretaba como un signo divino. Sin embargo, lo que lo atormentaba, a punto de postrarlo, eran los dolores de cabeza en forma de jaquecas. No había día sin que uno de estos terribles dolores lo dejase al borde de sus fuerzas. Mucha gente creía que lo iban a llevar a la locura.
De hecho, Benoit describió a Pascal como un “neurasténico” (hoy hablamos de neurótico), hipocondríaco con fobias y alucinaciones. Justamente, estas “alucinaciones” eran fruto de sus jaquecas oftálmicas, momentos en los que veía brillos, luces e imágenes zigzagueantes que Pascal interpretaba como “fuego divino”. Uno de estos episodios jaquecosos puede explicar las visiones de la noche del 23 de noviembre de 1654 cuando Pascal creyó que Dios se hizo presente en su habitación. No era cualquier Dios, para Blaise era el “Dios de Issac, Dios de Jacob, no de los filósofos ni el de los científicos”. Este fue el momento crucial de su vida.
De acá en más Pascal abandonó sus investigaciones científicas para volcarse de lleno al estudio de la religión junto a ermitaños jansenistas en el convento de Port Royal des Champs. Sus meditaciones fueron reunidas en `Pensées sur la religion’, uno de los textos más brillantes de la literatura francesa donde ridiculiza las tendencias oportunistas y terrenales de los jesuitas. En los manuscritos de este textos están las claves diagnósticas ya que se ven dibujadas en sus márgenes imágenes zigzagueantes y puntos como constelaciones propias de las imágenes “scintilantes” o “espectro en fortificaciones” que aparecen durantes las crisis jaquecosas, siempre acompañadas de un peculiar estado de conciencia, que llamamos “aura” con vómitos, náuseas, fotofobia y postración.
El término “migraña” fue acuñado por Galeno, al referirse al dolor que compromete la mitad de la cabeza. Fue Thomas Willis quien propuso su origen vascular, un espasmo de los vasos del cerebro. Hoy se considera que puede asociarse con cuadros intestinales como enfermedad celíaca o colon irritable.
Murió Pascal en 1662 aparentemente de un cáncer maligno de estómago que había metastatizado en las meninges.
Muchos escritos han quedado con sus opiniones sobre la ciencia y su pensamiento filosófico que se opone al reino supremo de la razón que proponía Descartes. Pascal creía que el raciocinio nos hacía capaces de entender el mundo físico pero incapaz de lidiar con los problemas metafísicos. De allí que el corazón tenga razones que la razón no tiene, más cuando el corazón y la razón están sometidos a la enfermedad.

Autor: Omar López Mato    Publicado: Diario La Prensa