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La fatal paradoja de la depresión

82306_620Más de la mitad de las personas que padecen este trastorno mental no acceden a un tratamiento, mientras otra alarmante cantidad recibe antidepresivos que no necesita. Los riesgos que conllevan el afán de medicalizar la vida y la cultura de la inmediatez.

Mientras la depresión es considerada en la actualidad como la principal causa de enfermedades y discapacidad a nivel mundial, con alrededor de 300 millones de personas que la padecen, la realidad demuestra que en nuestro país el abordaje de esta problemática presenta fallas graves.

Por un lado, están los que sufren este trastorno mental pero no acceden a un tratamiento adecuado y en el otro extremo se encuentran quienes son tratados con psicoterapia o incluso antidepresivos pese a no sufrir realmente depresión. Se trata de una paradoja con altos costos tanto para el sistema sanitario como para los pacientes que reciben un tratamiento innecesario y para aquellos que se encuentran en riesgo por no tener acceso a una adecuada atención. Así lo explicó en una entrevista con La Prensa el médico psiquiatra y director de la maestría en Gestión de Servicios de Salud Mental de la Universidad Isalud, Hugo Barrionuevo, quien reflexionó sobre esta temática, fijada este año como foco del Día Mundial de la Salud bajo el lema “Hablemos de depresión”.

“Se estima que más de la mitad de las personas que sufren depresión no reciben tratamiento. Y de las que acceden al tratamiento, no está claro cuántas son tratadas correctamente.­ Por otro lado, hay personas que no son depresivas y reciben tratamiento innecesario, son personas que están atravesando un momento difícil y, a lo mejor porque tienen el acceso rápido a un profesional médico, reciben un tratamiento antidepresivo que no necesitan”, describió Barrionuevo.­

– ¿Existe un desconocimiento en la población sobre el verdadero significado de la depresión? ¿Se utiliza esta palabra con demasiada frecuencia y en forma errónea?­

– Sí, en el último tiempo se ha producido una vulgarización de la palabra. Se le llama depresión a muchas cosas. Pero es fundamental diferenciar los episodios depresivos de los momentos tristes de la vida, que atravesamos todos los seres humanos tarde o temprano. Todos pasamos por pérdidas de familiares, pérdidas vinculadas con el empleo, amigos, pérdidas patrimoniales, proyectos que pueden fracasar… es parte de la vida.­

Por lo tanto, una cosa es el momento difícil de atravesar una pérdida, que nos hace sentir tristes, decaídos, con dificultad para dormir, sensación de desgano, desazón. Es un momento vital y no debería tener intervención del sistema de salud, no debería tener intervención médica.­

Otra cosa es un episodio depresivo, que tiene características distintas, ya que dura más tiempo y es más inhibitorio, pues impide que uno siga realizando su vida habitual, por lo que requiere algún tipo de intervención psicoterapéutica o asistencial.­

– ¿Qué otras manifestaciones tienen los episodios depresivos?­

Sobre todo la tristeza profunda, la inhibición para hacer cosas, desgano, insomnio, falta de apetito, falta de deseo por las cosas que antes disfrutaba, son síntomas que se instalan y persisten en el tiempo. De hecho, una de las pautas más importantes para identificar la depresión es no solo la profundidad de la tristeza sino también su duración. A modo orientativo decimos que cuando la tristeza dura más de dos meses, puede tratarse de un episodio depresivo.

Además, la depresión tiene distintos grados: en el extremo máximo está la depresión grave, que muchas veces puede finalizar en un intento de suicidio. En el otro, está la depresión reactiva, que se desencadena por una situación puntual, como suele ocurrir a veces en el puerperio (después de tener un hijo).­

– ¿Cuántos argentinos sufren depresión?­

– En la Argentina no tenemos datos propios de todo el país pero, si utilizamos las tasas de América latina, podemos estimar que alrededor de uno cada 20 argentinos cursa un episodio depresivo en el año. Por lo tanto, en 2016 aproximadamente dos millones de personas sufrieron este tipo de episodios. La mayoría son casos leves. Un porcentaje menor son recidivantes o pueden ir a la cronicidad, y es este grupo de pacientes el que requiere probablemente tratamiento farmacológico. La gran mayoría debería resolverse con psicoterapia.­

– ¿Existe un perfil de personalidad más susceptible a padecer depresión?­

– Sí, aquellas personas que tienen más dificultades para elaborar las pérdidas, aquellas que están muy aferradas a los objetos. En este momento prevalecen tanto la cultura de estar aferrados a las cosas como la cultura de la inmediatez, del placer inmediato: todo tiene que ser ahora, los tiempos de espera están mal vistos. Esta clase de cultura no favorece que las personas tramitemos bien los fenómenos de pérdida y por lo tanto seamos más propensos a la depresión. Estos son factores de riesgo de la depresión.­

Si una persona está muy metida en el modelo de la inmediatez, del consumo, del valor de los objetos, las marcas, está más expuesta. Y si a su vez le sumamos cierta cuota de individualismo que en algunas comunidades está propiciado por la búsqueda del éxito personal, también vamos conformando un modelo de persona más propensa a caer ante situaciones de la vida. Porque si no hay un proyecto vital más trascendente que el mero hecho de obtener placer o de rodearme de objetos, soy más propenso a caer en la depresión. La soledad es otro factor de riesgo muy grande.­

– ¿Cuánto influye el estatus social sobre la predisposición a deprimirse?­

-La mayoría de los estudios muestran que la predisposición toma cualquier clase social. Sin embargo, aquel que tiene más posibilidad de acceso a los recursos de salud, tiene más chances de ser atendido a tiempo y de mejor manera. A su vez, los factores de riesgo están incrementados en las personas que están excluidas del sistema.­

– ¿Qué papel juega el factor hereditario en el riesgo de depresión?­

– Algunos lo valoran sobre todo en las depresiones muy graves. Es decir, en los casos de lo que antes se llamaba `melancolía’ o en la psicosis bipolar, trastornos bipolares, allí algunas investigaciones parecerían mostrar que hay mayor predisposición genética, pero como un factor más – sí más relevante-, no como un factor único. A medida que una problemática tiene más base genética, es más probable que aparezca sin que ocurran acontecimientos a su alrededor.­

COMO PROTEGERSE

– ¿Cuáles son los factores protectores de la depresión?­

– Los lazos sociales, la vida en comunidad, el saber que ante algún acontecimiento va a poder contar con los demás, que va a estar cuidado. No sólo los amigos de `Facebook’, sino contar con una red social real -conformada por amigos y por la sociedad solidaria-. En sociedades solidarias, las personas que tienen momentos de crisis cuentan con más recursos para salir adelante. En cambio, en las sociedades donde el que pasa por un mal momento queda librado a su propia suerte, está más expuesto a no salir y a la depresión.­

– ¿Es un mal propio de este tiempo?­

– Las depresiones graves suelen ser más por condiciones de la persona que ya trae al momento en que le ocurre algo. En cambio, las depresiones más reactivas o más vinculadas con acontecimientos que ocurren en la vida es posible que se incrementen con el modo de vida que tenemos (con más factores de riesgo que protectores).­

Hay autores que consideran que el incremento de la depresión en parte es por el modo de vida que estamos llevando, por el tipo de sociedad que se está construyendo.­

También hay que reconocer que junto con el aumento de la expectativa de vida ahora hay más personas que viven con enfermedades -como las cardiovasculares o el cáncer-. Pero no es fácil sobrellevar una enfermedad crónica y esto puede conducir a una depresión.­

TENEMOS UN PROBLEMA

– ¿El sistema de salud está preparado para atender a esa gran porción de la población que requiere tratamiento psicológico o psiquiátrico?­

– Definitivamente no. Pero hay aspectos que el sistema de salud podría modificar rápidamente. Hay personas que necesitan ser tratadas y no lo consiguen mientras otras no lo necesitan pero son medicadas y puestas bajo tratamiento psicológico. ­

– Esto tiene un costo muy alto. ­

– Sí, representa un costo importante para la comunidad y para la persona. Es una manera de medicalizar la vida. Uno no puede transformar cualquier cosa de la vida en enfermedad. Ese es el riesgo y es gravísimo.­

– ¿Por qué se cae en este error? ­

– El problema es la formación científica y ética de los profesionales. No se le puede dar un antidepresivo a una persona porque dice que está triste. Hace unos cuantos años muchas películas norteamericanas han promovido el uso de antidepresivos ante distintas situaciones de la vida. Esto también es serio. Los profesionales no deberían aceptar esto. El paciente puede pedir un antidepresivo, pero el profesional debe evaluarlo seriamente para determinar si es necesario o no y aprender a decir que no.­

– ¿La falta de acceso al tratamiento de la depresión se da solamente por una cuestión de recursos o influyen también el miedo a la estigmatización por padecer un trastorno psiquiátrico y la falta de información?­

– Las causas son varias. La dificultad para acceder por falta de recursos es muy importante; los servicios de salud en general no están preparados para este tipo de problemas y si bien nuestro país cuenta con una enorme dotación de psicólogos y psiquiatras, no siempre están distribuidos geográficamente de acuerdo a la necesidad. Hay ciudades que concentran el recurso, donde las personas tienen un acceso muy fácil, y otros lugares con muy pocos psicólogos o psiquiatras, donde se dificulta el acceso.­

Por otra parte, por una cuestión cultural, en algunas familias se tolera más la presencia de una persona depresiva mientras que en otras se tolera menos. Esto también influye en el hecho de pedir ayuda o no. Sin dudas, el temor a ser estigmatizado hace que muchas personas no pidan ayuda.

MEDICADOS SIN RAZON

– ¿Cuáles son los riesgos de medicar con antidepresivos a quienes no sufren una verdadera depresión?­

– Lo primero es que se genera una cierta dependencia de una pastilla y se deposita en esa pastilla la expectativa de solución mágica de un problema. Muchos pacientes piden antidepresivos porque creen que la medicación les va a resolver rápido y con menor esfuerzos la situación que atraviesan.

Por otro lado, están los efectos adversos. Todas las medicaciones tienen efectos sobre el sistema nervioso, el cerebro. Es decir que se está tomando una medicación que está produciendo un efecto en el cerebro. De modo que no hay manera de medir cuál va a ser el efecto si el efecto útil no existe.­

– ¿Qué efectos adversos pueden producir los antidepresivos?­

– Muchos antidepresivos tienen efectos cardiovasculares, en el aparato circulatorio, y otros cuando se deja el medicamento pueden producir un efecto rebote. En otras personas, al tomar el antidepresivo, pueden producir ideación suicida o algún impulso suicida que antes no tenía, porque algunos antidepresivos aumentan la ansiedad. Es muy común que personas que tienen trastornos mentales graves tengan un episodio depresivo y con un medicamento antidepresivo puede desencadenar un trastorno mayor. Es muy peligroso. Sin embargo, no se lo considera así. Hay una falta de conciencia sobre el peligro de usar antidepresivos si no están bien indicados por un especialista. Hay mucho médico generalista, médico clínico que indica antidepresivo y habría que ver cuánta formación tiene para poder indicar un medicamento de este tipo.­

Además, muchas veces se medica con antidepresivos sin conocer los efectos adversos, sin conocer bien si el diagnóstico es depresión. Hay que ser muy prudente y consultar con psiquiatras que estén formados.

– ¿Y qué se debe hacer cuando el paciente pide alguna medicación que lo ayude a superar el mal momento a pesar de no sufrir una depresión?

– Es trabajo del profesional calmar la ansiedad y transmitirle a esa persona que realmente no hace falta medicación, que no es conveniente para él y que tiene que tener un poco de paciencia y darle tiempo a la psicoterapia que empieza o a la evolución propia del momento que está pasando.­ También se les debe comentar a los pacientes los riesgos que tiene la medicación y que sepan que todos los medicamentos tienen efectos adversos.­

Lo más importante es que, la gran mayoría de las veces, con psicoterapia, se pueden resolver los episodios depresivos. La medicación debe ser usada solamente en algunos casos y esto hay que evaluarlo con el médico psiquiatra.­ Los antidepresivos no tienen que ser la primera opción de ninguna manera.

Autor:  Agustina Sucri

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