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La historia de Martín Arregui, un ejemplo de superación tras un accidente que lo dejó en silla de ruedas

salud-2175996w620A los 24 años tuvo un accidente de tránsito que le cambió la vida para siempre; mañana es el día de la rehabilitación

Superar los límites. Romper las barreras que no te dejan avanzar. Luchar contra lo que parece imposible. Ejemplo de que la fuerza de voluntad mueve montañas. Martín Arregui (45) ingresa a la reunión en el piso 18 del ministerio de Trabajo, donde trabaja. Triunfante, con una amplia sonrisa y girando las ruedas de Dorotea, la silla que lo acompaña desde hace 20 años, cambia el clima frío de la sala de reuniones y enseguida se torna en un volcán de risas.

Foto:Santiago Cichero / AFV

“El 30 de octubre de 1995 la vida me dio una segunda oportunidad”

Martín trabajaba con su padre en un restaurante parador de una ruta en General Las Heras, provincia de Buenos Aires, lugar que lo vio crecer. Admite que su pasión es la filmación, en la que incursionó algunos años previos al accidente con varios programas zonales que filmaba en el altillo de su propia casa. Tenía 24 años ese día, el día en que se tomó una tarde para ir a Lobos con sus amigos, el día en que mientras iba durmiendo en el asiento trasero del auto el Peugeot 504 volcó y su vida se trastocó para siempre.

No recuerda nada, aunque sus amigos aseguran que él estaba consciente y cuenta que dijo: “Chicos, está todo bien, pero yo no siento nada del cuello para abajo”. Lo llevaron en una ambulancia a un hospital: tenía una lesión en la cervical que debía ser operada y, aunque era riesgosa, la intervención que duró 10 horas fue todo un éxito. “Yo tengo una lesión cervical que se denomina cuadriparesia, que quiere decir que se recuperan parte de los miembros superiores”, explica Martín. Y agrega: “Mi lesión es muy alta, pero por suerte es bastante incompleta. Eso me permitió compensar con muchísimos músculos que están trabajando al 200% de lo que deberían para que yo pueda tener una vida independiente”.

Él dice que tuvo la suerte de contar con seis factores que no muchas personas tienen: un grupo familiar que lo contuvo, un grupo de amigos de fierro, una cobertura social que le cubrió todo, una indemnización por tercero transportado en el accidente, una muy buena rehabilitación en la Asociación Civil dedicada a la rehabilitación neuromotora (ALPI) y una lesión bastante incompleta que su fuerza de voluntad llegó a que todos esos factores combinados potenciaran su persona y su resiliencia. Y ese es otro capítulo aparte. El ser resiliente.

Foto:Gentileza Martín Arregui

“Soy un soñador altruista que nunca se queda a mitad de camino”

Cuando se le pregunta cómo se definiría hoy, después del accidente, responde esa frase. Las montañas se mueven cuando uno está dispuesto a que eso suceda y ese pareciera ser su lema: “No siempre se puede, no siempre se llega, pero yo encontré en el accidente un para qué”, dice. “No me pregunto por qué me pasó a mí sino por qué no a mí. La vida no es justa y hay que saber aceptarlo”. Considera que con el esfuerzo de muchas personas “el carro llega más lejos” y reflexiona: “Yo encontré mi para qué: ayudar a que otras personas con discapacidad puedan estar mejor”. Después de unos días de la operación, el 17 de noviembre de ese año Martín cumplía 25. Vivía en la clínica de rehabilitación ALPI y recibió a 100 personas. Una semana después Lady Di vino al país y lo visitó. Cuenta que rompió todos los protocolos porque ella lo tomó de la mano y hablaron por intermedio de una traductora.

-¿No hubo momentos en los que te quebraste?, pregunta LA NACION

-No voy a negar que más de una vez me quise morir. Ser una cabeza pensante es una situación muy difícil y se entiende muy poco a la gente que pasa por esas situaciones. Realmente quedás en un estado en el que la cabeza funciona bien y el cuerpo y el habla no te responden y ahí fue una lucha de que el corazón le gane a la razón.

El rompecabezas empieza a encajar. Martín disfruta el día a día sin preocuparse por lo que pueda pasar mañana y esa es la clave para él. Hasta asegura que una psiquiatra le medicó antidepresivos porque le decía que no era lógico que no tenga una etapa de negación y, según él, su forma de procesarlo fue paso a paso, porque enseguida se transformó en un para qué.

Los deportes extremos como estilo de vida

La palabra “límite” pareciera no existir en el diccionario de Martín. Luego del accidente, le surgieron las ganas de incursionar en prácticas que sabía que existían pero nunca había probado. Si bien cuenta que jugaba al rugby y era “un 2 rústico que pasaba la pelota pero no a los jugadores”, nunca había hecho buceo, parapente y esquí, entre otros. “Empiezo a hacer todos estos deportes para demostrarme a mí y a los demás que se pueden hacer un montón de cosas aún sin poder caminar”, cuenta. Y afirma que siempre fue prudente y esa es la razón por la que sigue vivo. “Trato de bajar los riegos a cero y de tener instructores que me sepan guiar en cada modalidad”.

El buceo era una de sus asignaturas pendientes antes del accidente y finalmente lo practicó después. Foto: Gentileza Martín Arregui

 

El buceo era una de sus asignaturas pendientes antes del accidente y finalmente lo practicó después. Foto: Gentileza Martín Arregui
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Participó de competencias a nivel nacional e internacional: viajó solo a Neuquén en su auto para practicar esquí, fue a México y estuvo en el panamericano paraolímpico de Canadá en representación del país a través del quad rugby, que se practica en silla de ruedas.

Los deportes lo ayudaron a que pudiera tener una vida más independiente y lo estimularon en su camino hacia la recuperación. “No puedo hacer un montón de cosas que me gustarían, como bailar parado (porque sentado puedo), pero todo lo que me propuse de una manera u otra lo hice y mi idea es abrir caminos para que cada cosa que yo fui haciendo no sea sólo para mí, sino que otras personas puedan disfrutar de lo mismo”.

Natalia y Ciara, las mujeres de su vida

Cuando Martín pasó por las distintas clínicas de rehabilitación conoció a muchas mujeres. Para él, la sexualidad, la pareja y la familia nunca fueron un tema tabú. Conoció a Natalia, su pareja, 3 años antes de reparar en ella. Natalia era empleada administrativa en uno de los centros a los que Martín asistía cuando lo necesitaba, pero nunca la había visto. Fue en un casamiento de gente en común que coincidieron en la mesa y, desde ahí, no se separaron más. Están juntos desde hace 12 años y fruto de ese amor nació Ciara, que hoy tiene 6 años.

Martín Arregui con Ciara cuando recién había nacido. Foto: Gentileza Martín Arregui

 

Martín Arregui con Ciara cuando recién había nacido. Foto: Gentileza Martín Arregui
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-¿Siempre soñaste con tener hijos?

-Uno cuando adquiere una discapacidad tiene 3 golpes duros: uno es cuando te pasa realmente, otra es cuando te dan el alta porque estás aclimatado a un lugar donde tenés una rutina y el tema de la familia, la pareja y la sexualidad es el tercer gran golpe. Hay muchos que tienen asumida su discapacidad pero el tema de la familia es la parte que no se toca. De hecho, yo tardé 7 años en hacerme un espermograma para saber si podía ser padre. Ese estudio dio que sí podía pero a través de la fecundación in vitro y Ciara nació en el segundo intento.

Asegura que hoy, además de sus padres, Ciara y Natalia son su sostén. A partir de febrero de este año, Martín asumió el desafío de ser el director de la dirección de empleabilidad para trabajadores con discapacidad, dependiente del ministerio de Trabajo. Si bien no es la primera vez que trabaja en el área de discapacidad después del accidente, sí lo hace en el ámbito público y pasa entre 10 y 12 horas en su oficina. “Antes yo llegaba a las 5 de la tarde a mi casa y jugaba mucho con mi hija y estos días me llama y me dice «Papi, ¿hoy vas a poder venir más temprano así jugamos?». Eso es una daga al corazón que me lo retuerce. Sé que este ritmo de trabajo va a ser temporal, pero creo que el esfuerzo vale la pena, en el sentido de que va con mi objetivo de vida: que muchas personas con discapacidad puedan estar mejor”, concluye.

Fuente: La Nación

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