Muchos de sus alumnos no saben leer ni escribir pasada la mitad de la primaria. Tanto en lengua como en matemática, mejoraron con respecto a dos años atrás. Lo atribuyen a un programa de apoyo y formación

Entre las noticias magras que suele ofrecer la educación argentina, hay una buena: el rendimiento de las 3 mil escuelas más vulnerables del país en la última prueba Aprender. Por las dificultades de contexto, claro, todavía siguen lejos del promedio nacional, pero fueron las que más mejoraron de evaluación a evaluación por amplio margen.

En las dos materias que evaluó Aprender 2018, que rindieron los chicos de sexto grado, se registró una mejora notoria en las denominadas “escuelas faro” con respecto a dos años atrás. Cuando el crecimiento total fue de 8,5 puntos porcentuales en lengua, en ellas el incremento fue de 20,4 puntos. En tanto, en matemática, a nivel nacional hubo una pequeña retracción de 1,1 punto. Pero las escuelas faro subieron 10,9 puntos.

Esa mejora la atribuyen al programa de Escuelas Faro, que empezó a mediados de 2017, cuando se hizo una selección de las 3.000 escuelas de mayor vulnerabilidad socioeducativa. Para ello, analizaron distintos factores: los resultados de Aprender 2016, la cantidad de alumnos cuyas familias percibían una Asignación Universal por Hijo, la tasa de sobreedad de la escuela y un índice de vulnerabilidad que creó la misma gestión.

Se pensó un esquema “en cascada”. Desde Nación a las provincias, de las provincias a las escuelas. Cuando empezaron a indagar en las instituciones elegidas se dieron cuenta de una cruda realidad: muchos chicos del segundo ciclo de primaria -cuarto o quinto grado- no estaban alfabetizados. No sabían leer ni escribir.

“Cada escuela faro inició con un diagnóstico de su propia institución. Durante un tiempo se dedicaron a mirar y analizar los problemas concretos y prioritarios que tenían. La necesidad de alfabetización apareció claramente como la prioridad a revertir”, dijo a Infobae Inés Cruzalegui, directora nacional de planeamiento de políticas educativas.

Algunos de los directores de las escuelas faro tuvieron un encuentro en la ciudad de Buenos Aires

Algunos de los directores de las escuelas faro tuvieron un encuentro en la ciudad de Buenos Aires

A partir del diagnóstico, pusieron el eje en tres puntos: fortalecer lengua, matemática y la gestión institucional. No impusieron los proyectos sobre los que trabajar. Cada escuela planteó el propio. Uno de los objetivos más recurrentes fue intentar bajar el abandono escolar. En el durante, el ministerio montó un dispositivo de evaluación continuo, que se hizo a partir de las encuestas que, de tanto en tanto, respondían los especialistas y facilitadores.

“Cuando empezaron, el programa generó ciertas dudas en las escuelas. Sentían que se las podía llegar a estigmatizar o señalar. Con el tiempo reconocieron que no era el objetivo, que la idea era visibilizarlas. Las escuelas se dejaron de sentir solas, se las acompañó con recursos de calidad y se apropiaron del programa”, consideró Cruzalegui.

La funcionaria explicó que la mejora es “atribuible en forma significativa” al programa y no a otros factores ajenos. Para ello, hicieron un estudio comparativo entre 2016 y 2018 con otras escuelas vulnerables que fueron tomadas como grupo de control. Los resultados, agregó, muestran la influencia de la intervención.

A un mes de terminar la gestión, le presentarán el proyecto de continuidad que tenían en mente a las futuras autoridades de la cartera educativa. La intención era sostener un año más la ayuda a las 3 mil escuelas y a partir de 2021 agregar otras 2 mil siguiendo los mismos criterios de selección.