Valentín tiene once años. A los dos presenció cómo su madre -Carla Figueroa- fue asesinada por Marcelo Tomaselli, su progenitor. La Justicia avaló que sea adoptado por sus tíos y pueda modificar su patronímico

El femicidio de Carla Figueroa fue paradigmático porque derivó en una modificación del Código Penal al eliminar la figura del “avenimiento”, que consistía en el perdón de una víctima a su agresor. Es que la mujer había sido violada por su pareja, luego recurrió a esa herramienta legal, el sujeto recuperó la libertad, se casaron y a la semana la asesinó. El hijo de ambos, que estuvo presente al momento del hecho el 10 de diciembre de 2011 en la localidad pampeana de General Pico, tiene actualmente 11 años y ahora logró que la Justicia le permita cambiar el apellido, y así no llevar el del femicida.

Según trascendió ayer, la Justicia Civil de La Pampa finalmente autorizó la adopción y el cambio de apellido a Valentín, el hijo de Carla.

La novedad es tan conmovedora como importante desde lo jurídico como la confirmó Soledad Reynoso, la hermana de Carla.

“Es un sueño que lo esperamos durante muchos años. Nuestro abogado nos informó que nos dieron la adopción y nos autorizaron el cambio de DNI”, sostuvo la mujer, en informes publicados en los portales locales Diario Textual y Diario Femenino.

Valentín vive con Soledad Reynoso y Mariano Tarpín, sus tíos, pero a los que llama sus padres. “Siempre nos dice mamá y papá”, contó.

El nene actualmente lleva el apellido de su padre biológico, Marcelo Tomaselli. En los próximos días, Soledad piensa ir al Registro Civil de Pico para inscribirlo como Valentín Tarpín. “El acta de sentencia es para que salga con el DNI Tarpín”, explica.

El viernes fue el cumpleaños de Valentín. “Va a la Escuela 233. Es una persona muy cariñosa, superinteligente, respetuoso y muy compañero . ¿Qué puedo decir yo si soy la mamá más babosa del mundo?”, contó.

Soledad y su esposo tienen otros cuatro hijos. “Pao de 24 años, Franco de 22, Flor de 19 y Luciano de 15”, contó.

Además, el chico tiene una media hermana de 2 años, que es hija de Tomaselli, con quien no tiene ninguna relación. Tomaselli es el autor de uno de los femicidios más brutales, que trascendió incluso las fronteras de La Pampa y llevó a modificar el Código Penal Argentino. El asesinato se registró el 10 de diciembre de 2011, frente a Valentín, en ese momento de 2 años.

La historia de Carla es sumamente dolorosa. Cuando era muy pequeña, su padre asesinó a su mamá Cristina. Y Carla, como luego, al repetirse la historia, lo padecería y presenciaría su propio hijo, fue testigo de ese asesinato.

Se quedó sin madre y sin padre. Solo le quedó su hermana Soledad -hija de Cristina y de su primer esposo-, quien la cuidó desde entonces. Sole era una adolescente y, junto a su entonces novio y luego esposo, se hicieron cargo de la pequeña.

Ya con 14 años, Carla se puso de novio con Tomasselli. En 2008 tuvo a Valentín. Pero la relación con el padre era una pesadilla.

En 2010, Carla -de entonces 17 años- fue violada por su pareja. Lo denunció y fue encarcelado. Luego, sin embargo, la joven firmó el llamado “avenimiento” para perdonar a su violador. Cuatro jueces intervinientes no consintieron el “avenimiento”, pero dos de una instancia superior, del Tribunal de Impugnación Penal, lo permitieron.

Con ese “perdón”, Tomaselli se casó con Carla, salió en libertad y una semana después, en la madrugada del sábado 10 de diciembre de 2011, la mató. Lo hizo delante del hijo de ambos.

Rosana M., la madre de Tomaselli, también estuvo allí. En el juicio, contó sollozando lo que vio cuando su hijo, Marcelo cometió el femicidio. “Me quedé dormida. Me despierta el llanto desgarrador del nene, pensé que se había caído de la cama. Yo empiezo a golpear la puerta y no me abrían, sentía como una señal, que estaba haciendo algo, pero no sabía qué; a ella no la escuché”, recordó.

“Yo pateé la puerta, me desgarré las dos caderas de tanto patear. Me abre la puerta, sin prender la luz veo a Carla paradita, que me tiraba los brazos. El la seguía apuñalando. Me abre los brazos llenos de sangre, la volvió a acomodar en el piso y le seguía dando. Alcé a mi nieto y fui a la cocina, porque pensé que mi hijo los iba a matar a los dos”, relató.