2018 definirá el futuro del Partido Demócrata. También, en gran medida, el del republicano Donald Trump y su populismo nacionalista. En apariencia, el examen queda lejos, pero la precampaña lleva meses en marcha y la estrategia de las próximas semanas será clave para marcar las coordenadas. El 6 de noviembre, EE UU celebra elecciones legislativas. Como cada dos años, se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Los republicanos controlan ahora ambos hemiciclos, pero las encuestas dan una alta posibilidad de que los demócratas se hagan con la Cámara de Representantes.

Arrebatar el Senado se presume más complicado. Dominar la Cámara Baja pondría en jaque la agenda legislativa de Trump, abriría la puerta a impulsar un hipotético impeachment (proceso de destitución) contra el presidente y supondría, ante todo, un sonoro correctivo al republicano dos años antes de las elecciones presidenciales.

La última vez que ocurrió que un partido que no gobernaba se hiciera con el control de las dos Cámaras fue en 2010. Los derrotados fueron los demócratas, que ahora aspiran a vengarse y superar el trauma, aún latente, de su debacle en las presidenciales de 2016.