Con la conducción de Horacio Lucero

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“Los proxenetas te prometen una vida mejor y después te hunden”

Entrevista a María A. víctima de la trata de personas.

María A. (nombre ficticio) tiene 37 años. A los 17 fue captada por una red internacional de trata de la cual pudo huir. Intentó reconstruir su vida. Después de muchos años de persecución, amenazas y agresiones, pudo hacer la denuncia. Hoy es una víctima con identidad protegida. En la causa hay mujeres detenidas e imputadas, capturas internacionales, testigos y otras víctimas protegidas que no solo contaron su padecer cuando las explotaron, sino que detallaron cómo las tratantes las golpeaban hasta desfigurarles el rostro, en búsqueda de más dinero.
En los próximos días la Justicia Federal dictaminará el fallo.

¿Cuándo y cómo te captaron en la red de trata?
A los 17 años yo era madre soltera y trabajaba en una confitería de moza. La dueña organizaba fiestas los jueves y en una de esas reuniones conocí a una amiga de ella. Empezamos a charlar. Me parecía simpática. Me preguntó cuánto era mi sueldo. Yo cobraba 12 pesos por día. Trabajaba ocho horas. Ella me dijo: “¿Vas a estar aquí por 12 pesos? Yo te consigo un laburo con menos horas y por mucha más plata. Es retranqui”. Yo no sabía qué hacer. Me pintó una historia así como si fuera a ir a tomar un café, más o menos. Pasaron tres días. Me llamó y me fue a buscar al trabajo.
“Che, mirá, tengo un amigo ahí”, me dijo. Apenas salimos apareció un tipo que era un espanto. Era abogado. Encararon directo al “mueble” y yo me quedé helada. Era chica. Le pregunté a ella ¿Y ahora qué hago? ¡Tengo asco! Me dijo: “Pensá en la plata”. Pasó. Ella me esperaba afuera del motel y así fue pasando el tiempo y me presentó un tipo tras otro, pero quien agarraba el dinero era ella. Ella arreglaba con el tipo antes y luego me daba un monto determinado. Después de un año me enteré que si ella cobraba 150 pesos, solo me daba 50 y se quedaba con los 100.

¿Había drogas?
Sí. Te vas involucrando. Por ejemplo, te decía: “Esta noche hay una fiesta en este club de campo”. Entonces íbamos varias chicas y ella decía: “¿Che, quien quiere falopa para estar más despierta?”. Le daba la droga a todas. Esa droga era regalo el primer, segundo, tercer día, al cuarto ya te la cobraban. Entonces, por ejemplo, si vos ibas y hacías plata, ella te decía: “Mirá me dieron 200 por vos, menos 100 de falopa, menos 50 míos, te quedan 50”. Así te vas involucrando. Es como una bola de nieve que se hace cada vez más grande y va cayendo y cayendo.
Una cosa lleva a la otra. Incluso te obligaban a tener sexo grupal. En teoría era porque los tipos pedían “fiesta”, pero también era porque la proxeneta sacaba más ganancias.

¿Salieron del país?
Sí. 10 años después de haberla conocido. Cuando viajamos a Chile éramos cinco chicas, de las cuales una era menor. Tengo entendido que a esa chica le había hecho un documento falso. Después, por comentarios, me enteré que a otras dos chicas también les hicieron documentos falsos.
Antes de viajar, primero, desde allá le mandaban plata a ella para los pasajes y cuando llegábamos teníamos que estar tres semanas, ese tiempo era el que exigían.
En ese momento a ella le daban 100 dólares por cada chica que llevaba.
Allá, ella nos retenía la tarjeta de migraciones, se las guardaba, obviamente para evitar que quisieramos irnos. Los documentos nosotras los teníamos que tener en la cartera por si caía la PDI (Policía de Investigaciones de Chile).

¿Como era el lugar?
Superfeo. Mantenés relaciones con uno, dos, tres tipos por vez. Por noche podías hacer cinco, seis. Tomás y te drogás toda la noche. Ella siempre estaba pendiente de lo que hacíamos. Te preguntaba: “¿Che estás un poquito descompuesta? Tomá un poquito de falopa”. Entonces te componías un poco. O te decía: “Si hiciste plata damela que yo te la guardo”.

¿Hubo violencia, golpes?
En Chile esta mujer (proxeneta) me desfiguró la cara en el 2005. Como yo tomaba mucho, me perdía, entonces le daba a ella mi plata para que la guarde. Pasaron dos semanas y le pedí que me devolviera el dinero para que yo lo depositara para Argentina, para mi hijito. Eran 500 dólares. Me dio 200. Le dije que faltaba y me respondía que no. Al final me dijo: “Mirá, después de todo a vos te está yendo rebién y yo te traje aquí, así que vos también me tenés que pagar porque te va bien”. Yo le contesté que a ella ya le habían pagado. Ella quería utilizar mi plata para comprarle una PlayStation a su sobrino. Peleamos y me amenazó con contarle a mi familia lo que estaba pasando. Mi familia creía que yo trabajaba de moza en una confitería. Al final ella se fue y volvió a las 18. Me hizo llamar con una amiga. Salí afuera y me dijo que me iba a devolver los 300, que no me hiciera drama. Nos sentamos en el cordón de la vereda. Prendí un cigarrillo. Ella me abrazó y me empezó a meter piñas en la cara hasta que me reventó la nariz. Me tiró al piso, me pateó, me golpeó el pecho. Yo estaba operada y se me abrió un punto. Se cansó de patearme. Sus amigas también me patearon y me dejaron tirada en el piso.
De casualidad, un chico que trabajaba en el lugar escuchó mis gritos, vino, me auxilió y estuve tres días internada en estado inconsciente.

¿Qué sucedió a partir de esa agresión?
El dueño del local las corrió a todas, porque no quería problemas con la Policía. Yo les dije que las iba a denunciar pero en realidad no podía hacerlo. Estaba en otro país y la denuncia iba a significar más problemas. Cuando me dieron el alta fui al local a buscar mis cosas, mi ropa, esperé cuatro días en un hotel y me volví a Salta, con casi nada de plata. Ahí fue un corte. Cuando llegué a Salta ellas ya habían llegado y me enteré que ella había ido a buscar al colegio a mi hijo y le había mostrado fotos mías diciendole que yo trabajaba en un prostíbulo, que yo era prostituta. Tuve que llevar a mi hijo al psicólogo y cambiarlo de colegio.
Donde ella me veía me amenazaba. Cambié de número de teléfono. Por internet me mandaba amenazas.
Pasó un año y me la encontré en un boliche. Me pegó en la espalda, caí al piso y ella escapó. Ella seguía llevando y trayendo chicas a Chile.

¿Pudiste reconstruir tu vida?
La necesidad, la situación te lleva a hacer cosas impensadas. Viajé una vez más con otra persona pero me volví porque no aguanté más. Mi hijo ya sabía todo. Era distinto. Traté de superarme de mi problema de adicciones con psiquiatras, médicos, porque después de Chile quedé readicta.
Empecé a estudiar. Me recibí. Quise salir adelante. Trabajé. Estuve con tratamiento psicológico y medicación desde 2011 a 2014.

¿Volviste a ver a la proxeneta?
La encontré de casualidad en 2013 y me decía: “Ya está, pasaron los años”. Sin embargo tuve que hacer una denuncia por daños en el lugar donde yo vivía. Después, una noche que fui a la Balcarce entre cinco chicas me atacaron. Me golpearon y me quisieron cortar la cara. Llegaron a amenazarme con hacerle daño a mi hijo, con hundirlo en la droga. Pasó el tiempo y me enteré que las responsables están presas. Eso fue un alivio para mi. Conozco a varias chicas a las que les pasó lo mismo, pero la gran mayoría, por vergüenza, miedo y porque estan amenazadas, no se animan a denunciar.

¿Cómo estás ahora?
En estos últimos días reviví todo. En lo psicológico me siento afectada. Si bien tengo mi vida, mis hijos, mi marido, mi trabajo y trato de llevar todo con normalidad, hace un mes tuve que declarar en la causa y sentí nervios, tensión. Una psicóloga del Poder Judicial me recomendó terapia. No la estoy haciendo pero tengo el pedido. Me sentí afectada. Muchas noches no dormí. Lloro de la nada. No tengo ganas de salir. Estoy asustada. A pesar de que soy una mujer de 37 años y esto empezó hace 20 años, por momentos digo: “Pucha, traté de salir, de armar mi vida de nuevo y todo me vuelve a salpicar”.

¿Qué esperas de la Justicia?
Espero que realmente se condene a estas personas, como tiene que ser. Que no salgan de nuevo a arruinarle la vida a otras chicas porque la verdad es que con una mentira encubierta te arruinan la vida. La mentira encubierta es que te ayudan para que no estés en la pobreza, para que tengas cosas, pero no es una ayuda, te defenestran porque caes en la prostitución y te volvés alcohólica, drogadicta, te ves involucrada con gente espantosa. Te van arruinando la vida con la mentira: “Onda soy tu amiga. Te ayudo. Te va a ir mejor con esto”, y después te hunden en el alcohol, la droga y, en definitiva, después de 20 años vos lo analizás y ves que estás peor, que caíste en un mundo horrible. Pienso que si hubiera seguido siendo moza por 12 pesos al día, capaz que seguiría viviendo tranquila.

¿Crees que la trata se puede evitar, prevenir?
Creo que las chicas jovencitas tienen que aprender a seleccionar sus amistades, los ámbitos donde están, porque siempre pensamos que las cosas malas vienen de gente extraña y a veces no es así. Vienen de lo más cercanos a vos, de la gente en la que confiabas. Quiero que la Justicia cumpla su función.
En mi caso hay mucha gente involucrada a la que nadie se anima a nombrar porque no sabés dónde podés terminar.

Marianela Pereyra. El tribuno.info

 

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