En la inminencia de Rusia 2018 y a casi 40 años del Mundial que ganó Argentina bajo su conducción, César Luis Menotti atraviesa la historia, revisa el pasado, se proyecta en la actualidad de Messi, plantea sin dudas que nadie tiene un jugador de su dimensión y elige a sus candidatos. El valor relativo de la táctica, la influencia decisiva de Maradona, la inconsciencia del talentoso y las incógnitas que expresa esta Selección de Jorge Sampaoli.

El café de siempre. El énfasis de siempre. La pasión de siempre. Y DIARIO POPULAR (que lo compra desde hace varios años), doblado por la mitad arriba de la mesa como un testigo privilegiado del diálogo. El Flaco Menotti y su vocación intacta por la charla casi nunca ausente, sin los apuros indomables de los tiempos actuales. Aquel Mundial que ganó hace casi 40 años en la final ante Holanda del 25 de junio de 1978; este Mundial que ya es inminente y el fútbol que con algunas pausas que recorren otros caminos, gana todos los espacios.

—Ahora, mirando para atrás, ¿el Mundial del 78 lo ves muy lejos o muy cerca?

—Ni lejos ni cerca. Me pasaron tantas cosas en la vida. Tanto fútbol, imágenes, recuerdos, clásicos. Dirigí a muchos planteles en grandes clubes de aquí y del exterior. Pero es cierto, aquel Mundial parece tan presente. Para llegar adonde llegamos después de que arrancó todo en octubre de 1974, cuando comencé como entrenador de la Selección en aquel 1-1 ante España, hubo una etapa de permanente construcción. Una gran construcción colectiva. Yo nunca quise ser un simple y formal administrador de la Selección.

—¿Qué querías ser?

—Quería estar en el día a día. Ensayando, jugando partidos aunque fueran muy riesgosos, armando calendarios internacionales con las mejores selecciones de Europa o con combinados de las provincias, como los cordobeses o rosarinos que la rompían y te exigían más de lo que cualquiera puede imaginar. La dirigencia colaboró. En especial, Bracuto y Cantilo. Me apoyaron. Sin ellos, no sé qué hubiera pasado. Me sostuvieron, incluso cuando yo ofrecí mi renuncia en el ‘76 y no la aceptaron. Y por supuesto, los jugadores. Porque sin los soldaditos, no hay nada. Un técnico sin soldaditos valiosos puede hacer muy poco. Claro que hay técnicos que hacen crecer a los jugadores. Como Guardiola, por ejemplo.

—¿A quién enriqueció Guardiola?

—A muchos, pero te nombro a uno bien cercano: a Messi. Yo no sé si Messi con otro técnico hubiera terminado jugando como juega. Seguro que en el Real Madrid, con Mourinho, su fútbol brillante también se iba a expresar. Pero en el Barça con Guardiola, no tengo dudas que su fútbol tuvo un vuelo muy superior. Por la idea de juego del Barça. Por el funcionamiento extraordinario del equipo. Ahí Messi desde muy joven incorporó mucho conocimiento. Mucho concepto. Y una gran lectura de los momentos de un partido.

—A pocos días del arranque del Mundial, ¿por dónde se enfocan tus expectativas?

—Mis expectativas no cambian. Están depositadas en el juego. Y no en otro lado. Aunque veo que salvo Messi y Ronaldo y Neymar en un plano inferior, no hay grandes cracks en las selecciones. Antes había más. En Alemania y en Brasil, por citar dos casos. Ya estaban muy afirmados esos cracks en las etapas previas a los mundiales. Ahora faltan. Alemania que conserva su línea, le está faltando el salto de calidad que le podría dar un fenómeno que hoy no tiene, como antes tuvieron a Beckenbauer, Overath, Müller, Schuster, Breitner, Rummenigge. Es más, ya no están dos que estuvieron hace cuatro años en Brasil: Lham y Schweinsteiger, que no eran superestrellas pero eran muy buenos. Brasil tiene a Neymar sin una compañía cercana a ese nivel. España cuenta con Isco y Asencio, pero no son apariciones fabulosas.

—Mencionaste a Argentina, Brasil, Alemania, España. ¿Estás son las cuatro selecciones de punta?

—Sí. Son los candidatos para quedarse con la Copa del Mundo. Podrá asomarse Bélgica por la calidad de sus jugadores, aunque quizás no encuentra la convicción suficiente para meterse en ese lote, como ya le pasó en Brasil 2014. Y está Francia, muy bien perfilada. Pero las principales selecciones son las que dije antes.

—¿Qué te sugiere Argentina?

—La verdad, hasta ahora es una incógnita. Aunque esto no quiere decir que vaya al Mundial de punto. Con Messi adentro, esa posibilidad de ir de punto no existe.

—¿Y entonces?

—Argentina siempre es un candidato. Por lo menos desde hace algunas décadas.

—Desde el 78 en adelante. Antes, no.

—Sí, claro. Ese Mundial que se ganó relanzó al fútbol argentino. Y si tenes a Messi, es lógico que estés ahí arriba, por lo menos hasta que empiecen los partidos. Porque nadie tiene a un jugador de la dimensión de Messi. Nadie. Solo Argentina. Y la presencia de Messi no tengo dudas que genera miedo en los rivales. No sé sabe lo que él va a hacer en la cancha. Nadie lo sabe. Quizás ni él lo sabe hasta que lo concreta. Con Messi, Argentina tiene una ventaja muy importante. Que no significa que él va a resolver todas las dificultades y adversidades que se presenten. Por más genial que sea, precisa buenas compañías. Solo con Messi no alcanza. Brasil, solo con Pelé, no ganó todo lo que ganó. Pelé tuvo estupendas compañías. Estupendos socios, como Tostao, Gerson, Rivelino y antes, otros, como Garrincha, Didí…

—¿Es un mito que Maradona ganó él solo el Mundial en México 86?

—Diego hizo todo lo que podía hacer un enorme jugador. Todo. Pero no se puede negar que estuvo bien acompañado por Batista, Enrique, Giusti… No estaba solo.

—Passarella afirmó por aquellos años que cualquier otra selección, tipo Brasil, Francia, Alemania, Italia o Bélgica que hubiera contado con Diego salía campeón del mundo.

—Y es muy probable. Pero no deja de ser una especulación imposible de confirmar. Lo real es que Argentina ahora cuenta con Messi, que es el número uno y con un Agüero que por la lesión que tuvo le va a permitir llegar más descansado. Por eso sostengo que la Selección tiene recursos para ganar el Mundial, aunque todavía no sepamos qué es lo que va a proponer el equipo, más allá de los jugadores que fueron elegidos. Igual, por encima de los veintitrés elegidos, sobre los que no voy a hacer consideraciones públicas, acá lo más importante es cómo suena la orquesta. Esto define la música del equipo.

—No sabemos lo que va a proponer el equipo porque tampoco sabemos lo que quiere Sampaoli.

—Sí, es así. No sabemos cómo va a jugar. No hablo de táctica. Hablo de otra cosa.

—¿Desprecias la táctica?

—No, le doy el valor que tiene. Los numeritos que se tiran para darle forma a un sistema no dicen nada. Insisto con algo que vengo repitiendo hace muchos años: la táctica no resuelve los grandes problemas del fútbol. Holanda 74 no deslumbró al mundo por un dibujo táctico. Si hubiera sido esa la clave, muchos habrían jugado como Holanda. Y no lo hicieron. Estaba la idea de Rinus Michels, pero estaban los jugadores para llevarla a cabo, liderados nada menos que por el Flaco Cruyff. Reitero: sin jugadores inteligentes no hay nada. La inteligencia es un valor determinante. Messi está en ese escalón.

—¿En cuál?

—En la inconciencia del talentoso. Por eso todo le sale con naturalidad: un pase, una gambeta, un gol. Claro que no todas las inconciencias son positivas. Está también la inconciencia del boludo que no sabe lo que hace. Messi sabe perfectamente lo que quiere y lo que hace. Sabe lo esencial: la dimensión del tiempo, del espacio y del engaño, que son los tres episodios fundamentales del fútbol.

—¿Son accesibles los rivales de Argentina en el Grupo o Islandia, Croacia y Nigeria representan una gran complejidad?

—Algunos adversarios difíciles te van a tocar. Es inevitable. A nosotros en el 78, nos tocó primero Hungría, después Francia y en el tercer partido, Italia. Durísimo. Derrotamos a Hungría en el debut sobre el final del partido, pero si perdíamos contra Francia en un cruce que fue de ida vuelta y caíamos como luego caímos 1-0 ante Italia, quedábamos afuera jugando de local. ¿Te imaginás lo que hubiera sido? ¿Qué quiero decir? Que en un Mundial cualquier error o claudicación se paga carísimo. Se paga con la eliminación.

—¿Cuáles son los errores o claudicaciones de Argentina que no soportás?

—Esto trasciende al fútbol. Va más allá del fútbol. Aunque el fútbol no puede estar ajeno, porque forma parte del todo. La decadencia cultural en que se ha sumergido la Argentina en todos los escenarios es realmente pavorosa. Esta decadencia que se filtró por todos los rincones viene arrasando desde hace muchos años. Desde hace décadas. Y la sociedad la sufre y la padece de manera brutal. En Europa también están a pleno las luces y las sombras del capitalismo. Pero hay otra calidad de vida. Otros mecanismos que protegen a las clases populares. No pasa lo que ocurre acá. Acá es terrible la situación. Argentina debe ser uno de los peores países del mundo. Un taxista tiene que estar sentado en el auto catorce horas por día, vuelve a su casa, saluda a su esposa, a sus hijos, cena, duerme un poquito y a la mañana siguiente sale de nuevo para completar otras catorce horas arriba del taxi. Ese tipo está destruido. Es un ejemplo que abarca a millones de personas. No puede funcionar así una sociedad. Acá terminamos sabiendo pocas cosas.

—¿Qué es lo que no sabemos?

—Donde está la plata. Porque se dice que no hay plata, ¿pero dónde está? En algunos lugares debe estar. No me remito al hoy. Esto de la guita que no está lo vengo viendo en la Argentina hace más de cincuenta años. Es espantoso. Y otra cosa que me vuelve loco es escuchar a las distintas clases políticas hablar de que la gente tiene que apuntar al futuro. No, no es así. Para apuntar al futuro primero hay que confirmar el presente. Hay que construir bases sólidas en el presente. Porque de lo contrario el futuro no lo ves. O no llegas. Y si llegas, llegas hecho bolsa. Y no sirve. Por otra parte, mientras en la Argentina el cuarenta por ciento de su territorio esté habitado solo por el seis por ciento de la población, esto no cierra.

—Volvamos al fútbol, aunque nunca nos hayamos ido del fútbol. A pesar de todo, ¿sigue despertándote ilusiones un Mundial?

—Sí, más bien. Aun sin muchos cracks a la vista, pero con uno de la talla de Messi, el fenómeno del fútbol me convocó siempre y me sigue convocando.