Alfonso Oliva padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica, enfermedad neurodegenerativa progresiva que ataca el sistema nervioso central.

En horas del mediodía de este domingo falleció Alfonso Oliva, de 36 años, quien padecía desde hace cuatro años Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Se trata de una enfermedad neurodegenerativa progresiva ataca el sistema nervioso central produciendo una parálisis muscular de pronóstico mortal.

El joven cordobés se transformó en los últimos años en un referente en la lucha por la apertura del debate de la ley de eutanasia en el Congreso nacional. Se trata de una intervención voluntaria de ambas partes (paciente y médico) para terminar con la vida de un paciente terminal a través de una solución o tratamiento médico. En Latinoamérica, sólo rige en Colombia.

“Él sabía que la ley de eutanasia no se iba a poder tratar mientras esté con vida, pero lo hacía por los otros”, señaló Pecas Soriano, médico y amigo de Alfonso, en declaraciones a Canal 12.

Estaba preso en su cuerpo. Había perdido la capacidad de alimentarse y sólo podía comunicarse a través del movimiento de sus ojos”, señaló el especialista.

En Córdoba, está en plena vigencia la ley de “Muerte Digna”

La Ley 10.058 tiene por objeto establecer, regular y garantizar el derecho que tiene cualquier persona a decidir en forma anticipada su voluntad respecto a la negativa a someterse a medios, tratamientos o procedimientos médicos de encarnizamiento terapéutico que pretendan prolongar de manera indigna su vida.

En ese marco, el Registro de Declaración de Voluntad Anticipada instrumentó un formulario para facilitar la expresión de la voluntad anticipada, que puede ser completado y presentado en el Hospital Córdoba, que realiza una revisión y validación de la declaración. La misma es conservada en el registro manteniendo la confidencialidad y la protección de datos personales.

No obstante, el formulario no es la única manera en la que se puede expresar la voluntad, también es posible confeccionar una declaración personal y/o generar un documento propio. Para esto, no es necesaria la intervención de un abogado o un escribano, pero la persona puede hacerlo de esa manera si lo prefiere.