Ezequiel Tozzi tiene 34 años y se define como “padre soltero”. Es el único “papi” en el grupo de whatsapp de “mamis”

Una madre soltera ya no es vista como la encarnación del espanto y de la vergüenza sino como una madre que, de mínima, merece nuestros respetos. Es la mujer que, cuando el padre de sus hijos “se borra” o cumple una función decorativa, se hace cargo sola de la crianza, de las tareas domésticas y de mantener la economía familiar. En ese mundo en el que se supone que las madres nacieron para ser leonas, las historias de padres solteros son excepciones.

“Cuando nos quedamos solos pensé: ‘Soy hombre y eso significa que no nací con el instinto maternal ni con el sexto sentido de las mujeres, entonces no voy a poder'”, cuenta Ezequiel Tozzi (34) a Infobae. “En ese momento, creía que las madres eran como Spider-Man, que tiene el sentido arácnido. Que mientras ellas estaban durmiendo, el sentido arácnido las despertaba si el chico estaba llorando”, se ríe.

Ezequiel cría solo a Valentín, su hijo, desde que tenía un año y medio. Había estado diez años con la mamá pero la pareja se rompió cuando él descubrió que tenía una relación paralela. “Me pidió que él se quedara conmigo hasta que ella ordenara sus cosas, pero al final Valentín se quedó y ella lo ve de vez en cuando. Yo tenía 29 años cuando pasó todo, me convertí en padre soltero de un día para el otro”.

Ezequiel ya se había recibido de periodista y trabajaba haciendo críticas de cine. “Me iba al shopping a ver las películas con el nene y, cuando terminaban, tenía que cambiarle los pañales. Como no había cambiadores en los baños de hombres, me metía en el de mujeres. Pero las señoras más grandes se ofendían: ‘¿Y dónde está la mamá? Que venga a cambiarlo la madre’. Tenía que estar todo el tiempo explicando: ‘Señora, no está la mamá, si quiere lo cambiar usted y yo la miro desde la puerta'”.

Por el sobreentendido de que son las madres quienes deben cambiar los pañales, Ezequiel se quejó una y otra vez. Hasta que en el Plaza Oeste, en Morón, accedieron a colocar los cambiadores fuera de los baños. Con el tiempo, empezó a vivir un día a día que suele agobiar a las madres en general (y a las solteras en particular).

“Iba a una entrevista de trabajo y cuando les decía que era padre soltero les cambiaba la cara. La excusa para no contratarme era siempre la misma: ‘Buscamos a un hombre muy comprometido con el trabajo, la verdad es que entrevistamos gente menos calificada pero tienen familia y pueden dejar a los chicos con su mujer'”. Ezequiel llegó a mentir: dijo que su mamá podía ocuparse. Tampoco funcionó.

Según datos del INDEC, el 76% de los trabajos domésticos no remunerados son realizados por mujeres. Un trabajo necesario y poco valorado que Ezequiel conoce bien: hacer las compras, limpiar el departamento, ocuparse de la comida de los perros, de hacer la tarea con su hijo, de las manualidades que piden las maestras, de hacer los disfraces para los actos, de ir a las reuniones de padres, de ensayar para los actos en los que le piden participar.

Además, levantarse a las 5 de la mañana para trabajar un poco antes de despertar a su hijo y llevarlo al colegio. Y volver a trabajar de noche y hasta la madrugada, cuando Valentín vuelve a dormir.

Con el tiempo, entendió que lo del sentido arácnido no existía: “Me di cuenta de que quienes son buenas madres es porque eligen serlo. No había que ser como Spider-Man sino más bien como Sherlock Holmes. Yo prestaba atención y si escuchaba un ruido o lo veía moverse deducía que mi hijo iba a despertarse. Es un poco obvio. Por supuesto tenía que ver más con la experiencia que con lo mágico”, cuenta.

“Por eso creo que lo del instinto maternal es una buena excusa de los padres para borrarse. Si existiera, un hombre gay o un viudo no podría criar hijos. Si no te das cuenta de lo que le pasa a tu hijo es porque no te ocupaste de construir ese lazo, es porque se lo encajaste a la madre con la excusa de ‘tomá, quiere ir con vos’, ‘es mamero’. No, el chico no es mamero o papero, es de quien le dedica tiempo”.

Cree que lo del instinto no nació de un repollo: “Es la excusa de la sociedad patriarcal que le sigue diciendo a la mujer: ‘este es tu lugar’, lo natural es que te quedes en casa criando. Creo que esa forma de machismo disminuye a la mujer pero también al hombre, porque supone que no tenemos la misma capacidad de ofrecer cariño y contención”.

En su blog –“Monólogos de papá’– y en los comentarios de las notas que escribe para la web BabyCenter observó que el machismo no dependía del género: “Muchas mujeres me comentan ‘cómo podés escribir de maternidad y de crianza si sos hombre’ o ‘sólo podrás hablar de esto el día en que lleves vida en tu cuerpo y la alimentes con tu cuerpo'”.

En su vida de padre soltero, Ezequiel se siente más identificado con las madres solteras que con los padres porque ellos, por lo general, funcionan con la lógica del padre separado: se angustian porque ya no ven a diario a sus hijos o porque les cuesta juntar la plata para pasarle a las madres. A él, en cambio, lo desvela el día a día: como armar una vida alrededor de la agenda de un niño en primaria. En el grupo de wahatsapp del colegio -se llama “Mamis de 2A”- es el único hombre. 

“No me hago el héroe, es verdad que siempre alguna madre termina mostrando las carteras que vende en el grupo y el teléfono se te llena con 150 fotos de carteras de todos los colores. Pero también es cierto que lo que hay que resolver está ahí”. Ahora empezó a estudiar para ser maestro y, de a poco, se fue convirtiendo en un padre feminista. 

“Creo que para que haya menos machitos violentos tenemos que dejar de educar machitos violentos. Eso es lo que hago con mi hijo. Todavía se dice: ‘Que divino tu marido, cómo te ayuda con el bebé’. Los padres no tienen que ayudar, no están haciendo un favor: los padres tienen que hacer. Si querés igualdad en la sociedad, la igualdad empieza por casa”.

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Publicado por Infobae