Una pareja santafesina pide que se revea un fallo que les ordenó entregar al chico, tras tenerlo más de un año.

Gustavo y Carina tienen hijos grandes. El mayor tiene 32 años. La más chica, 19. En el medio tres veinteañeros. Jamás pensaron que volverían a ser padres al rondar los cincuenta. Pero la vida los sorprendió. Hoy pelean con uñas y dientes en la Justicia para que Peque, un bebé que llegó a sus brazos con solo 34 días, sea parte de la familia.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

La lucha de Gustavo Monduzzi y Carina Médula, un matrimonio de la localidad santafesina de Villa Constitución, no es puntual ni aislada. Es el segundo caso que llega a la Justicia de la provincia en el último tiempo. Se trata de padres que por plazos burocráticos que se alargan más de la cuenta establecen lazos afectivos muy fuertes con los niños a los que se comprometieron cuidar por menos de 90 días.

En marzo, la familia Gigliotti logró la restitución de Kiki tras una larga y ardua pelea jurídica. Habían pasado por una situación similar. Un custodia que se extendió por casi dos años, la obligación de tener que entregar a la criatura a otro centro de vida y el inexplicable dolor de una separación forzada.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Gustavo y Carina se anotaron a mediados de 2016 al programa Familia Solidaria, ideado para un cuidado transitorio durante el proceso de adopción. Quienes se inscriben se comprometen a cuidar a un menor de edad por un período acotado, en principio 90 días, a aceptar la separación del niño y a favorecer su revinculación con su familia de origen o su familia adoptiva. Al participar queda excluida la posibilidad de la adopción.

Fue la hija del matrimonio la que los convenció para ayudar a los cientos de chicos que son separados de sus familias por la vulneración de algún derecho. “Trataron el tema en el colegio y nos trasladó la inquietud. Por eso nos anotamos, nos pareció una buena acción”, explicó Gustavo en diálogo con Clarín.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Seis meses después, desde la Subsecretaría de Niñez les preguntaron si podían alojar a un bebé de solo 34 días. Peque –así lo llaman en medio de la pelea jurídica– llegó al hogar.

Algunos amigos no entendían tamaño compromiso. “Para qué te metés en ese lío con cinco hijos grandes que ya tenés. Es una locura”, le decían a Gustavo en el inicio del nuevo vínculo. Pasaron los días y Peque empezó a crecer rodeado de mucho afecto. Los plazos del programa se vencieron y ninguna autoridad dio la cara.

“Nos dijeron que en el caso de un bebé los plazos de estadía eran todavía menores, de 15 o 20 días. Pasaron 16 meses y Peque eligió a su familia, a su papá, a su mamá y a sus hermanos”, relató Gustavo.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

Con “Peque”. Los plazos se alargaron y ahora no quieren separarse.

El llamado de la Secretaría de Niñez llegó en febrero. De forma escueta, les comunicaron que Peque iba a ser adoptado por otra familia junto a sus hermanitos biológicos. “Lo ideal sería que en forma de cuentito le vayan contando que va a tener otro papá y otra mamá”, escuchó Gustavo, incrédulo, del otro lado del teléfono.

Durante esos días, el nene “cambió sonrisas por llanto”. El pediatra relató esta “brusca transformación” en un certificado. Gustavo pidió una “junta médica” para que se contemple el cambio de comportamiento del niño. No hubo caso. A Peque se lo llevaron el 5 de abril.

“Lo entregamos cual encomienda, con un bolso con todas sus cosas. No pudimos ni darle un beso. Desde ese día no lo vimos nunca más”, relató el hombre, quien decidió no quedarse con los brazos cruzados.

Su planteo de restitución está siendo analizado por estos días en la sala 1 de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Rosario. “El día antes de que se vaya le tomé la mano y le dije que iba a luchar por él. Eso estamos haciendo. Esta lucha no es un capricho, es por el derecho de Peque a tener una familia”, concluyó Gustavo.