Tiene 82 años y denunció que un sobrino la tiene secuestrada. Teme perder su casa.

Una carta, solo una carta basta para entender el más espantoso tormento que puede sufrir un ser humano: la pérdida de su libertad.

Con pocas palabras y de su puño y letra a los 82 años Victoria Ayub, domiciliada en un lujoso departamento del microcentro salteño, hizo conocer a la Justicia desde hace ya más de tres meses el tormento que está sufriendo. La anciana acusa a un sobrino de que no solo hizo echar con falsas denuncias de malos tratos o violencia de género a su esposo, también de 82 años y copropietario del departamento y otros bienes, sino que llevó una escribana al lecho de la mujer, que se halla postrada, y le hizo transferir en calidad de donación, pagando incluso la tasa más barata de una escribanía, los títulos de propiedad del departamento.

Su cruel destino, sus lastimeras quejas, su soledad infinita y encerrada en la cárcel de su propio departamento no fueron impedimentos para que Victoria Ayub, a través de su médica de cabecera, lograra atravesar el cerco de silencios y hacer público su desesperada situación.

La misiva es en sí una muestra del más cruel abandono de la Justicia para con los mayores, cuyo contenido o tenor ponemos a disposición de nuestros lectores.

La desesperada mujer no solo logró filtrar una carta sino dos, la última con una grafía ya casi desesperada. En ella rebate los argumentos que llevaron a alejar a su esposo de esa casa y sustituirlo por un sobrino joven, a quien la misma mujer sindica como responsable de sus calvario.

En la segunda carta hay un mensaje casi desesperado entregado a la escribana María Elena Jiménez que reza: “Yo veo y digo que lo amo a mi esposo”. Más abajo la mujer se lamenta que el sobrino no le haya permitido visitarla.

Las mujeres que solicitaron el amparo para Victoria.

Con estos elementos y luego de más de tres meses de espera mientras ya se transfirió la escritura del departamento a favor del denunciado sobrino y que los bienes conyugales fueran removidos por éste hacia destinos desconocidos, entre ellos un automóvil con solo 34 kilómetros de uso. Profesionales nucleados en la organización Red Sol elevaron el viernes en la mañana una urgente medida de amparo para esta mujer, cuya misiva desesperada, al parecer, fue desestimada. Entrevistada por El Tribuno la escribana María Elena Jiménez explicó con lujos de detalles la situación de Victoria Ayub y de su esposo Mario Rubén Monserrat que fue excluido de su hogar por supuestas violencia de género, cuando se sabe que este hombre era el único que cuidaba y velaba por la salud de Victoria, su esposa.

En la segunda carta la señora Victoria Ayub expresa claramente su amor por Mario Rubén Monserrat, alejado de ella a los 82 años, convertido también en una víctima conexa a las maniobras denunciadas por la mujer y perpetradas por su familiar.

Las mujeres de Red Sol solicitan, quizá como todo ciudadano, que la Justicia disponga medidas inmediatas, de carácter urgente, para salvar la vida de esta persona y que levante inmediatamente la prohibición de acercamiento del esposo de Victoria Ayub, tal cual lo solicita la mujer de puño y letra, mostrando en su elegía, que el amor a pesar de los años no comparte la letra muerta del derecho mal entendido.

La presidenta de Red Sol dijo ayer que con fecha 17 de abril denunció ante el fiscal Justo Vaca lo que estaba sufriendo Victoria y sus vaticinios sobre el destino de sus bienes a la fecha se han cumplido sin pausa ni prisa.

Victoria envió una carta y no es solo una carta.

Maniobras del sobrino

La escribana Jiménez comentó que en diciembre de 2017 la fiscal Liliana Jorge desestimó las denuncias elevadas por el sobrino de Victoria Ayub y que permitieron que la Justicia le dicte una medida de restricción al verdadero esposo de la señora Victoria Ayub. A juicio de la profesional esta situación allanó el camino para que su familiar se constituyera en su guarda.

A pesar de que las denuncias radicadas por violencia de género fueron desestimadas, al parecer el esposo de Victoria no fue notificado y si lo hicieron no se le ordenó el regreso a su domicilio.

La escribana Jiménez señaló que todo esto posibilitó que el sobrino de la anciana fuera tejiendo una red de expropiaciones al tal punto de cerrar las puertas del departamento para todas las personas que conocían a Victoria. Según la notaria el hombre hizo todo esto para obligar a la mujer a firmar la donación de la propiedad. “El amparo para Victoria no es justicia es un imperativo”, expresó Jiménez.

La carta

Fuente: El Tribuno