Avanza una nueva escuela media. El 1° de noviembre las provincias deben informar cómo lo harán.

Que la escuela secundaria necesita un cambio urgente y profundo ya nadie lo duda. Unos 400.000 adolescentes argentinos –el 10% del total– abandonan cada año sus aulas, principalmente porque no le encuentran ningún sentido a este formato de enseñanza. Son unos mil por día. Y quienes sí la terminan (apenas el 60% lo hace en tiempo y forma) salen con muy bajo nivel en los conocimientos más relevantes, como comprensión de textos o cálculos matemáticos, según revela cada año las pruebas Aprender.

Hay que hacer algo, y en eso están trabajando en conjunto los ministros de Educación del país, que acordaron avanzar en un nuevo tipo de organización de la escuela media a la que llamaron “Secundaria 2030”.

El próximo 1° de noviembre, cada una de las provincias deberá presentar ante el Consejo Federal de Educación su plan de implementación de la nueva secundaria, que deberá arrancar en 2019, con la gradualidad que cada una elija. Pero todas están obligadas a completar el total de sus escuelas hacia el año 2025.

Algunos distritos ya empezaron. Por ejemplo, Río Negro lo hizo en forma completa desde 2017. O la Ciudad de Buenos Aires, que arrancó este año con los primeros años de 19 escuelas y proyecta incorporar 25 colegios más el año que viene.

La secundaria 2030 que imaginan los ministros se parece mucho a la ISPI 9073 de Santa Teresa, Santa Fe. Los ministros firmaron la resolución en diciembre del año pasado y establecieron, entre otros objetivos, que los equipos docentes de cada colegio deberán tener un proyecto educativo que le dé sentido a la escuela y, de este modo, motive a sus estudiantes. Cada escuela, además, planificará el año especificando cuáles son los indicadores de mejora que se plantean. Se buscará que ya no haya más “materias sueltas” sino que estén integradas dentro de “áreas de conocimiento” que consoliden los aprendizajes y se integren mejor con aplicaciones prácticas.

Además, se busca que no haya más “profesores taxi” que trabajan pocas horas en muchas escuelas y tienen poco contacto con sus alumnos. En su lugar, los profesores deberían ser designados con cargo y jornada completa para una misma escuela. Y cambiará la forma de acreditar los conocimientos: se piensa en flexibilizar la clásica repitencia, un sistema que demostró no tener éxito y provoca que muchos alumnos, especialmente de los sectores más vulnerables, terminen abandonado el colegio.

A la hora de planificar la implementación, no estaría mal que los funcionarios provinciales lean con atención el último documento elaborado por Unicef “Políticas educativas para transformar la educación secundaria”, en el que se hace un extenso y completo análisis sobre experiencias en la Argentina que lograron avanzar con buenos resultados.

Allí se analizan distintas políticas implementadas en el país, como el “Régimen Académico” (Provincia), las escuelas del Programa Avanzado en Educación Secundaria PROA (Córdoba), el Plan Vuelvo a Estudiar-Línea Territorial (Santa Fe), “Nuevo Formato” (Tucumán) y la Nueva Escuela Secundaria Rionegrina, de Río Negro. “Fuimos a las provincias a estudiar las normativas y las condiciones que hacen que algunas políticas públicas de reforma realmente funcionen”, dijo a Clarín Cora Steimberg, especialista en educación de Unicef.

Para la especialista, el desafío es múltiple. Se debe pensar en escuelas que tengan el suficiente acompañamiento para las reformas, también debe cambiar el tipo de liderazgo (los directores), así como las formas de enseñar (nuevas prácticas pedagógicas). “Hay que avanzar en la enseñanza basada en proyectos transversales, en la resolución de problemas reales”, dice Steimberg. Además, debe cambiar la forma de evaluar, ya no sólo con exámenes sino con el foco en todo el proceso de participación de los alumnos en los proyectos. “Para esto debe cambiar la formación de los profesores: incidiendo en la formación inicial y acompañando a los que están en servicio”, afirma.

Esta reforma implica necesariamente más inversión y cuesta imaginarlo en el actual contexto. “Hay que ser muy razonables al impulsar los cambios. Y ahora, más razonables todavía. Pero de ninguna manera detenerlos”, dice Steimberg. Y agrega que “es mentira que los adolescentes no quieren ir a la escuela. Sí quieren, pero piden profesores que enseñen. Si la propuesta es relevante, se entusiasman”. Para la experta, más allá de ciertos colegios y directores innovadores, que siempre los hay, lo importante es determinar cuáles son las condiciones del sistema que permiten que todos los directores y docentes avancen en los cambios.

Fuente: Clarin