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Eugenio Orozco, ingeniero del Instituto de Automática de la Universidad Nacional de San Juan, busca que la mano que está desarrollando para su propio uso tenga los mismos movimientos que una mano humana.

Orozco, de 35 años y doctorado de la casa de estudios sanjuanina, padece focomelia, una malformación congénita en la cual los huesos largos de una o más extremidades no están presentes o están acortados.

La prótesis en la que trabaja Orozco es una mano que “pertenece a un humanoide y viene del cuerpo completo de un robot que imita a un humano”, desarrollado por el programa InMoov, que con el arte del escultor francés Gaël Langevin construyó en septiembre de 2011 el androide con componentes de plástico imprimibles en 3D, para fines artísticos.

En diálogo con el programa “Bicho de Ciudad” (RVM – AM930 + FM93.3) expresó:  “que el trabajo consiste en activar la parte inteligente de la mano con la actividad eléctrica de los músculos, con lo que se convertirá en una herramienta en desarrollo y no una prótesis mecánica”