Es en el caso de Beltrán Bombau, un adolescente de 14 años que murió hace cuatro años en el Club de Amigos.

“No es una venganza. Es una cuestión de justicia, queremos saber qué pasó”. Quien habla es Jorge Bombau, papá de Beltrán, el chico de 14 años que falleció en 2014 en el Club de Amigos, mientras realizaba una práctica de educación física. Este médico de profesión asegura que “tenían todo para salvar a mi hijo”.Como no lo hicieron, el caso llegó a Tribunales y, por primera vez en Argentina, se está juzgando a un profesional por falta de uso del desfibrilador.

La procesada es una médica que estaba haciendo una suplencia de dos días en el Club de Amigos, ubicado en Figueroa Alcorta y Sarmiento. “No sabía aplicar un desfibrilador, y ni siquiera sabía hacer un RCP, porque se probó en el juicio que el RCP lo hicieron los profesores de gimnasia”, explica a Clarín el abogado Francisco Castex, representante legal de la familia Bombau.

El 23 de abril de 2014, Beltrán estaba corriendo una competencia escolar. Debía hacer un recorrido de 2.400 metros con desniveles, en una actividad se llama cross country. Empezó a sentirse mal cuando le faltaban pocos metros, se dio por vencido, y encaró los metros finales caminando. “No puedo más”, dijo antes de desplomarse sin conocimiento.

Beltrán Bombau falleció a los 14 años.

Beltrán Bombau falleció a los 14 años.

Fue entonces cuando los profesores llamaron a la médica.Según el relato del abogado, la mujer fue caminando y le tuvieron que pedir que se apure. Estaba nerviosa. “Y en vez de ir con un desfibrilador, que es el ABC de cualquier intervención a un deportista, no lo llevó. Tenía dos en su consultorio, pero no llevó ninguno”, asegura Castex.

“Es negligencia, es un homicidio culposo. Quedó claro que no estaba entrenada y no estaba capacitada para atender una situación de urgencia”, continúa el abogado. En caso de ser considerada culpable, la mujer podría ser condenada con hasta 5 años de prisión y hasta 10 años de inhabilitación para ejercer la medicina.


El juicio empezó el jueves pasado en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nro. 15 a cargo del juez Adrián Martín. Seguirá el próximo jueves, y habrá al menos cuatro audiencias más. Van a hablar unos 20 testigos, entre médicos, profesores, padres y compañeros del colegio. Ya declararon el papá y la mamá de la víctima, un profesor de educación física, la secretaria y un supervisor. La médica se negó a declarar.

Además de la causa penal contra la profesional, hay una causa civil contra el club y contra el colegio Palermo Chico, porque el día de la tragedia Beltrán estaba corriendo una competencia organizada por la escuela.

El juicio empezó el jueves pasado en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nro. 15 a cargo del juez Adrián Martín. Seguirá el próximo jueves, y habrá al menos cuatro audiencias más. Van a hablar unos 20 testigos, entre médicos, profesores, padres y compañeros del colegio. Ya declararon el papá y la mamá de la víctima, un profesor de educación física, la secretaria y un supervisor. La médica se negó a declarar.

Además de la causa penal contra la profesional, hay una causa civil contra el club y contra el colegio Palermo Chico, porque el día de la tragedia Beltrán estaba corriendo una competencia organizada por la escuela.

“El colegio nunca nos brindó ninguna explicación de lo ocurrido. Seguramente por consejo de sus abogados, nunca tuvieron contacto con la familia”, comenta el padre. “Y desde el Club de Amigos, dos o tres veces me dijeron que nos íbamos a reunir y me iban a explicar lo que pasó, pero nunca tuve una palabra oficial”, agrega Bombau. “La única palabra oficial que estoy teniendo de lo que pasó es escuchar ahora a los testigos durante el juicio. Cuando nadie te explica lo que pasó, tenés que recurrir a la Justicia”, remarca.

“Yo estaba trabajando, fui al Club de Amigos, y me encontré con mi hijo muerto. Al tiempo, después del estado de shock, fui a hablar con los médicos que estaban ahí. Vi el desfibrilador que estaba ahí, sin usar. Estaba a 70 metros de donde cayó Beltrán y nunca lo usaron. Me di cuenta de entrada de que algo habían hecho mal. Tenían todo para salvar a mi hijo”, continúa el hombre.

A partir de la tragedia, este médico se dedica a luchar contra la muerte súbita. Por las redes sociales –en especial en la cuenta @yanquee de Twitter– intenta concientizar sobre la necesidad de tener desfibriladores en lugares públicos y de enseñarle a la gente a utilizarlos y a hacer masajes de reanimación (RCP). Porque está convencido de que, siguiendo un sencillo protocolo, se pueden salvar vidas. Y que si todos estuviéramos más preparados, habría muchos menos Beltrán para recordar.

Fuente: Clarín