Cecilia era discípula del hombre, que la atacó durante un viaje religioso. El reverendo negó la situación y ahora es investigado por trata. Ella, recibió amenazas de fieles del templo, donde vecinos de la zona llevaron adelante un escrache.

Una mujer denunció haber sido abusada sexualmente por el sacerdote de un templo budista al que asistía en el barrio porteño de Flores, sobre el cual pesa también una causa en la que se lo investiga por trata de personas, lo que provocó que vecinos de la zona realicen un escrache frente a la sede religiosa, ante la sospecha de que podría haber llevado adelante más ataques.

El episodio se produjo en Japón durante un viaje de carácter religioso. La víctima se animó a acudir a la Justicia meses después, pero al haber ocurrido en otro país la causa quedó archivada. Sin embargo, tras una denuncia anónima por trata contra el mismo hombre, el caso se incorporó como prueba en la causa Nº 9660/2018 por explotación sexual, que es impulsada por la titular de la Fiscalía Criminal y Correccional Federal Nº 10Paloma Ochoa, ante el Juzgado Federal y Correccional Nº1.

Según consta en el el expediente Nº 29551/2018, presentado ante el Juzgado Criminal y Correccional Nº 60, en el marco del viaje por Japón, el agresor, que era su mentor, primero acompañó a la víctima a hacer una compra y luego cenaron juntos en un restaurante, pero no se propasó hasta llegar al hotel.

“Me pidió permiso para entrar a mi cuarto y contarme algo, yo no sospeché sus verdaderas intenciones porque teníamos una relación de 11 años de discípula-sacerdote”, le confió a DIARIO POPULAR Cecilia Califano, quien pidió que su nombre sea publicado para que otras mujeres que estén en su misma situación se animen a contar la verdad.

En la denuncia, se desprende que “el reverendo se queda dormido en la cama y al quererlo despertar, la toma del cuello y comienza a tocar su cuerpo hasta llegar a la cintura, levantando el vestido y tocando sus partes íntimas por encima de su ropa interior”.

“Hasta ese momento no me había dado cuenta que estaba con un psicópata en mis narices. Ahí, muchos comportamientos sospechosos cobraron sentido”, se lamentó Cecilia, quien contó que “recién me animé a hablar a los dos meses de llegar de Japón. Primero con mis amigos, con mi familia y después con mi terapeuta, al que volví después de dos años”.

Fue allí cuando presentó la denuncia, que no prosperó por una cuestión jurisdiccional. “Hablé con él, pero me negó todo e intentó manipularme psicológicamente. Entonces me decidí a escracharlo por las redes sociales, pero empecé a recibir amenazas de mis propios compañeros”, señaló la mujer sobre otros discípulos del templo de la calle Carabobo al 200.

“Dice que estoy enamorada de él, que él me rechazó y que soy una persona despechada que inventó todo. Está actuando escondido bajo su investidura, es mi palabra contra la de él y él tiene más poder”, expresó Cecilia y agregó: “Los poquitos que me creen no quieren hacer nada porque tienen miedo de que les haga lo mismo que a mí, es decir segrearlos”.

Sobre las intimidaciones, resaltó: “Me llamaban por teléfono. Otra compañera mía religiosa trabaja en el Poder Judicial y me amenazó por Facebook. Con esa prueba, la denuncié, pero no pasó nada. Me dijo que me calle la boca y me retracte porque sino ella como abogada me iba a hacer un juicio e iba a demostrar que tengo problemas psiquiátricos y de drogas y me iba a recluir toda mi vida”.

El apoyo tampoco llegó por la comunidad budista. “Le escribí en portugués al reverendo jefe de San Pablo, pero nunca me contestó. Tampoco lo hicieron reverendos de otros países que vinieron a Buenos Aires, cuando le hicimos el escrache con vecinos que me apoyan”, apuntó.

Cecilia reveló que además publicó su historia en el blog feminista “Ya no nos callamos más” y que allí otra mujer dijo que conoce al sacerdote de un club donde jugaba al tenis de mesa. “Se llama Laura y cuenta que lo conoció ahí y un día le ofreció llevarla a la casa. Ahí le insistió de ir a tomar algo y la quiso besar a la fuerza, pero no hizo la denuncia porque piensa que se le van a reír”, indicó.

Frente a este panorama, la mujer sentenció: “Lo más importante es poner en alerta a la gente para que no le pase lo mismo. Una persona necesita apoyo, se acerca a la religión y le hacen esto. Es muy jodido el daño que puede hacer, sobre todo si manda gente a amenazarte. Lo segundo sería la destitución, pero eso va a ser más complicado”.