Durante su visita al país, el naturalista observó y analizó el comportamiento social, político y judicial en todos sus estratos

La corrupción asociada al ejercicio del poder existe desde tiempos inmemoriales. Es un flagelo del que pocos países pueden escapar. Mucho más al hacer un revisionismo histórico. Y Argentina no es una excepción de ello. Así lo retrató, entre otros, Charles Darwin, en las líneas de un diario de viaje escrito en 1832 (“Diario y observaciones”, el título original del texto publicado en 1839), cuando visitó estos lares a bordo del Beagle.

En su estadía por “la Sudamérica española” -tal cual describe- , el científico inglés observó y analizó el comportamientos de los habitantes. En ese sentido, destacó “las maneras corteses y señoriales, que se hallan generalizadas entre la mayoría de los habitantes; el gusto excelente desplegado por las mujeres en el vestir, y la igualdad de trato en todas las clases”.

También apuntó contra los hábitos de “vagancia” de la clase baja. “En Mercedes pregunté a dos hombres por qué no trabajaban. Uno me respondió, gravemente, que los días eran demasiado largos; y el otro, que por ser demasiado pobre. La abundancia de caballos y profusión de alimentos hace imposible la virtud de la laboriosidad. Además, hay una multitud de días festivos; y, como si esto fuera poco, se cree que nada puede salir bien si no se empieza estando la Luna en cuarto creciente; de modo que la mitad del mes se pierde por estas dos causas”, escribió en un pasaje.

El libro es también conocido bajo otros nombres, como “Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo” o “El viaje del Beagle”

El libro es también conocido bajo otros nombres, como “Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo” o “El viaje del Beagle”

Pero entre vivencias y anécdotas, el naturista británico además hizo espacio para referirse a la corrupción, dejando algunas impresiones que bien pueden asemejarse a la realidad actual.

– “La policía y la justicia carecen de eficacia. Si un hombre pobre comete un asesinato y cae en poder de las autoridades, va a la cárcel y tal vez se le fusila; pero si es rico y tiene amigos, puede estar seguro de que no se le seguirán graves consecuencias. Es curioso que hasta las personas más respetables del país favorecen siempre la fuga de los asesinos; creen, al parecer, que los delincuentes van contra el gobierno y no contra el pueblo”.

– “Casi todos los funcionarios públicos son corruptos. El director de Correos vendía francos falsificados. El residente mismo y su primer ministro se confabulaban para estafar al Estado. La justicia cuando entra en juego el dinero, no puede esperarse de nadie”.

– “He conocido a un inglés que acudió a la primera autoridad judicial (según me contó, no conociendo entonces las costumbres del país, tembló al entrar en la sala) y le dijo: ‘Señor, he venido a ofrecer a usted 200 pesos (papel) -valor equivalente a 125 pesetas- si manda usted arrestar antes de tal tiempo a un hombre que me ha engañado. Fulano de tal me ha recomendado dar este paso’. El juez sonrió asintiendo, le dio las gracias, y antes de anochecer, el hombre estaba en la cárcel”.

El cierre de la idea de Darwin plasma una mirada crítica con respecto a las ilusiones de los ciudadanos para con los dividendos de la gestión política: “Con tan absoluta carencia de moralidad en los hombres directores, y con una infinidad de empleados turbulentos mal pagados, ¡todavía espera el pueblo en los buenos resultados de una forma democrática de gobierno!“.

Fuente: Infobae